No es habitual ver a un club con el poder de la masa social del Sporting tan dividido como esta temporada. Inició la campaña acariciando un récord de abonados (24.000 actualmente), y acabó protagonizando episodios como un «día del club» que terminó con la paciencia de muchos sportinguistas y la entrada más floja en un Molinón a rebosar todo el año. Las diferencias entre Orlegi y la afición, aunque existieron desde la primera campaña, nunca fueron tan profundas. El proceso, complejo y lleno de matices, puede llegar a entenderse a través de la relación del grupo mexicano y las dos grandes asociaciones de peñas del Sporting desde el relevo en la propiedad en 2022. El Sporting es también único y complejo en eso: pocos o ningún club español posee dos asociaciones de peñas del volumen y actividad de Federación de Peñas Sporting y Unipes. Colectivos, además, con nula o escasa relación.
La Federación de Peñas Sportinguistas es la familia con mayor número de miembros. Cuenta, según datos oficiales del propio colectivo, con más de 70 peñas y unos 5.000 peñistas, de los cuales más de 3.000 son abonados del Sporting. Es también la más veterana y la que más ha chocado, desde el primer día, con Orlegi. Varios fueron los desencuentros. La Federación de Peñas venía de una comunicación fluida con el anterior presidente, Javier Fernández, que daba cierta flexibilidad y colaboración. Fue la que más perdió con el cambio. Los primeros contactos con los nuevos dueños fueron un choque total de criterios. Jorge Guerrero, su presidente, nunca lo ocultó.
Hubo algo así como una vulneración de pactos no escritos. O poca importancia a ello dentro de un club de marcados valores tradicionales. Al menos, un poco fue como se entendió desde la Federación de Peñas. Primero, reordenando la relación con las peñas (básicamente la participación del club en los actos de las peñas a través de jugadores o directivos) con un protocolo que se negaron a firmar por su rigidez y limitaciones. Llevó aparejadas más cosas. Después, este colectivo se vio sin respaldo del club en eventos como la Concentración de Peñas, uno de sus proyectos estrella. También, respecto a sus iniciativas sociales. Desde la Federación se citan la campaña de donación de sangre o la de alimentos, en cuya organización el Sporting daba habitualmente peso a la Federación. Eso pasó a realizarse de manera diferente. Ahora ya la colaboración es inexistente. Paralelamente, la Federación de Peñas perdió butaca, los días de partido, en el palco presidencial. En este colectivo se recuerda que era algo que se venía respetando «desde 1967» como parte de las relaciones del club con su masa social más importante. Una especie de reconocimiento honorífico. Simbólico, pero una muestra de respeto. Unos creen que faltó mano izquierda de todos. Otros veían aquello como irreconciliable desde el inicio.
El lazo de la Federación con LaLiga, por ser miembro de Aficiones Unidas, ha permitido al colectivo presidido por Jorge Guerrero arañar un paquete de entradas para los partidos lejos de El Molinón sin tener que negociar con Orlegi. Una pequeña batalla ganada a ojos de este colectivo por algo que, sin mediar este convenio, se daba por imposible. Orlegi siempre ha dado prioridad en el reparto de entradas a sus abonados.
El escenario se completa con Unipes, colectivo que ha ido ganando peso y voz en los últimos años. Para ellos, el cambio de propiedad se vio como una oportunidad. En su último censo oficial, realizado este año, detallan contar con unas 45 peñas y en torno a 2.600 peñistas. Su postura fue, en alguno o varios temas principales, opuesta a la de la Federación de Peñas. En el debate inicial abierto para reordenar la relación con las peñas, fue el único colectivo en adherirse al protocolo marcado por Orlegi. También fue activo a la hora de compartir propuestas a tener en cuenta en el propio protocolo o en otros ámbitos como la campaña de abonados. Sin embargo, también hubo por el camino vaivenes que enfriaron la sintonía inicial hasta el punto de lo visto esta misma campaña.
Unipes lideró, junto a la Grada de Animación, la movilización del sportinguismo para plantarse por cómo Orlegi articuló y justificó el «día del club» ante el Deportivo de La Coruña. Llegó después de que, el pasado mes de diciembre, realizara un comunicado especialmente crítico con las decisiones deportivas tomadas por la propiedad y la dirección que estaba tomando el trabajo con la cantera de Mareo. De ser uno de los grandes apoyos para ayudar en la toma de contacto y conocimiento de la afición sportinguista, se pasó al recelo. Y en ese clima se continúa, mientras el Sporting, a través de su presidente ejecutivo, José Riestra, intenta recuperar el terreno perdido. El gesto de pedir disculpas en el acto realizado en San Martín de Luiña (organizado precisamente por Unipes) es una prueba de este interés en ese acercamiento. Tendrá su continuidad este viernes, en Mareo, tras el llamamiento del club a volver a sentarse con sus peñistas. Unipes, dirigida por Gustavo Alonso, ha aceptado sentarse y escuchar, algo que ha sido norma siempre. La Federación de Peñas rechazó la invitación.
La grada visitante
Si hay algo que puede unir a Federación de Peñas y Unipes en los últimos meses, aunque nunca hayan ido de la mano en reivindicarlo, ha sido el nulo favor que hizo el Sporting a su afición reduciendo el aforo de la zona visitante de El Molinón. Un cambio argumentado por el Sporting por las imposiciones de la patronal por razones de seguridad, pero al que no se le ha dado solución y afecta, en consecuencia, a la viajera afición rojiblanca (el resto de clubes se ciñe a entregar las 567 que el Sporting les cede cuando viajan a Gijón, con el agravio que conlleva para la multitudinaria Mareona).
No hay nada que una más en el fútbol que el gol. En los últimos cuatro años, tampoco los resultados deportivos han permitido a Orlegi mantener la ilusión generada a su llegada. Más bien ha alimentado una fractura social resumida en una peligrosa crisis de confianza.













