España vuelve a colocarse en el centro de la atención estratégica en el Mediterráneo y el Atlántico después de notificar presencia naval rusa en aguas de interés nacional. En cuestión de una semana la Armada española se ha visto obligado a incrementar sus operaciones de control y seguimiento ante la circulación de buques rusos.
La tensión geopolítica y el fortalecimiento de la seguridad marítima en rutas clave ha justificado el despliegue de los medios navales españoles. Según los datos proporcionados por el Estado Mayor de la Defensa (EMAD) y divulgados por EFE, estas operaciones se enmarcan dentro de las misiones permanente de vigilancia y disuasión.
“Diariamente, hay aproximadamente 850 militares de las Fuerzas Armadas comprometidos en las operaciones permanentes”, indica el EMAD. El buque de acción marítima Audaz ha desempeñado un papel fundamental en la supervisión de los buques rusos en aguas de interés nacional.
“El Audaz ha asumido la vigilancia del destructor ruso Severomorsk durante su tránsito hacia el mar Mediterráneo oriental”, comunicó el Estado Mayor de la Defensa. En la misma semana se registró otro convoy con bandera rusa transitando por aguas próximas a la península.
Y también se encargó de la monitorización y vigilancia del convoy, formado por la corbeta Boikiy y el mercante general Skobelev», tras cruzar el estrecho de Gibraltar en dirección al Atlántico. Estos barcos «fueron avistados mientras entraban en el litoral gallego», sentencian. Fueron monitorizados hasta que entraron en aguas francesas.

El centro se encarga de mantener la vigilancia marítima nacional y permite una respuesta coordinada si se produce un movimiento sensible en aguas de interés nacional. El objetivo es «contribuir a la seguridad marítima y garantizar la libertad de navegación detectando anticipadamente amenazas», sentencian.












