Como en la mítica París-Roubaix, donde el polvo, el barro y el adoquín castigan sin piedad, el Hozono Global Jairis tuvo que sobrevivir a su propio ‘infierno del norte’ tras otra herida reciente en final apretado. Esta vez, sin embargo, cruzó la meta en pie: victoria, play off asegurado y una lucha por la cuarta plaza que se decidirá en una auténtica foto ‘finish’ (61-54).
Con la furia del que llega magullado a la siguiente clásica, Jairis arrancó como esos ciclistas que buscan evitar caídas antes del primer tramo de pavé. Un 15-0 de salida, vertiginoso, implacable, apenas cuatro errores en cinco minutos. El Fausto Vicent era una autopista favorable, viento de cara para un Araski que no encontró la línea de meta hasta pasado el ecuador del primer cuarto.
Pero como en Roubaix, el terreno siempre cambia. El primer sector adoquinado llegó en forma de reacción visitante (0-9) que devolvió la realidad al choque (19-13). El Hozono Global Jairis había dominado, sí, pero el polvo ya empezaba a levantarse.
En el segundo acto, el pelotón se comprimió. Araski, jugándose la vida, endureció cada posesión como si fuera un tramo del Carrefour de l’Arbre. El Hozono Global Jairis, quizá confiado tras su arranque, bajó pulsaciones. El marcador se estrechó (27-24) y el partido entró en esa fase donde cada bote pesa. Un último arreón local —Bertsch y Mané— permitió llegar al descanso con algo de aire entre las manos (31-26), pero sin margen para distracciones.
Tras el intermedio, el Jairis volvió a pedalear con firmeza. Las interiores impusieron ley en la pintura, fabricando un 7-0 que abrió brecha (43-32). Era el momento de seleccionar el desarrollo adecuado, de no romper la cadena y de elegir la trazada correcta. El tercer cuarto se cerró con un sólido +13 (48-35), una ventaja que parecía definitiva.
Pero Roubaix nunca regala nada. Araski, al borde del abismo, lanzó su último ataque: un 0-10 que heló el pabellón (48-44). El conjunto de Alcantarilla se quedó sin piernas, sin chispa, atrapado en el barro. Cuatro minutos sin anotar hasta que un triple de Massey —inesperado como un cambio de ritmo en el pavé— devolvió el control (51-44).
Ahí, en ese tramo final donde sólo sobreviven los que saben sufrir, Jairis sostuvo el manillar. Sin brillantez, pero con firmeza. Sin épica desbordante, pero con resistencia, como un Van Aert triunfal.
Y así, entre polvo, fatiga y memoria reciente de caídas, las de Canut cruzaron la meta. Victoria trabajada, play-off asegurado y una cuarta plaza que, como en Roubaix, se decidirá en un esprint dentro del velódromo.













