Los focos apuntarán a Charlie Patiño y tendrá toda la lógica del mundo porque son errores que no se permiten ni en la etapa de formación. Ni a un infantil, ni a un cadete. La capacidad que tiene para tratar el balón, su plasticidad y ese don para limpiar la jugada son innegables, pero este tipo errores, sus minutos en El Alcoraz, son los que le ponen asteriscos a su carrera, no solo en el Dépor, sino en el fútbol de alto nivel. Cualquier futbolista con hechuras de profesional sabe que no puede hacer ese control. Ni así, ni ahí, ni en ese momento, ni en esa dirección. Un partido se gana y se pierde en 90 minutos y el Dépor debió ir a por él antes. Pero cuando está todo tan ajustado, los detalles deciden. Es un mantra de Antonio Hidalgo, tiene razón.
También es cierto que el Dépor dio la sensación de sestear, de ver la vida pasar en los primeros 45 minutos. Y no se lo puede permitir, como grupo y como club que pretende ascender directo y ve a bisontes a su lado en una carrera fratricida. Fue un déjà vù de partidos de otro tiempo, muy poco sanos para el Dépor y sus aspiraciones.
La apuesta por Dani Barcia era difícil de intuir, no así la titularidad de Mulattieri. Sus goles de buen suplente le habían hecho opositar a cambiar situación. No le ayudo como jugó el Dépor en la primera parte. Su fútbol tampoco benefició al equipo. Bil salió a la hora de juego y, en dos minutos, había sentado a dos rivales. A Pulido y a Piña les levantó un buen dolor de cabeza. Hidalgo justificó en un detalle su apuesta. El camerunés da tanto en casi todo que es muy difícil asumir su suplencia. Esas decisiones también influyen en un resultado.














