La primera oportunidad para enmendar el mazazo recibido contra el Mirandés, derrota por 1-2 en el Ibercaja Estadio, pasó de largo. En Córdoba, el Real Zaragoza volvió a perder y sumó el segundo traspiés consecutivo de la era de David Navarro. Después de aquellas victorias seguidas ante el Almería y el Racing, esperanzadoras por la forma y el fondo, el equipo aragonés ha vuelto a pararse, sobre todo a nivel numérico, que es la esfera del fútbol que da y quita razones y más todavía en una situación tan dramática como la actual.
El efecto de la resurrección con Navarro al mando se ha detenido, un punto de los últimos nueve. Rubén Alves firmó la sentencia blanquilla a balón parado: le ganó la acción por fuerza física a Aguirregabiria en un córner. El Real Zaragoza y el zaragocismo tendrán todos sus ojos puestos este domingo en Cádiz y Valladolid. Los resultados de estos dos rivales pueden condicionar casi definitivamente la temporada o dejar aún abierta una rendija hacia la salvación. Quedan 21 puntos por disputarse. Cada vez hay que almacenar un porcentaje más alto para llegar hasta la orilla de la permanencia. Eso sí, las cuentas todavía pueden salir, a base de victorias y victorias claro.
Durante los primeros 25 minutos en El Arcángel, el Real Zaragoza estuvo contra las cuerdas de la temporada. Con el ritmo con el que acostumbra a jugar desde que lo dirige Iván Ania, el Córdoba hundió al equipo aragonés en su campo y, luego, en su área con constantes acometidas por los dos flancos. Kevin Medina hizo gol como consecuencia directa de lo que estaba ocurriendo en el campo. Por milímetros, el VAR invalidó la acción. Le ocurrió algo similar a Alves en un 2-0 que nunca lo fue.
El Real Zaragoza se reseteó hasta el final de la primera parte y consiguió estirarse por la verticalidad de Martín Aguirregabiria y el ímpetu imperturbable de Marcos Cuenca, una de las novedades en el once de David Navarro ante el aluvión de bajas, Rober y Keidi Bare las dos últimas. El canterano merece más respeto arbitral. La ausencia del centrocampista andaluz fue un golpe bajo y durísimo: es la nota de distinción y el hombre que hace saltar la chispa del fútbol ofensivo blanquillo.
En el costado izquierdo, el entrenador formó con un doble lateral: Tasende-Larios. En el medio, pareja de puro físico: Mawuli se juntó con Saidu. Toni Moya también fue de la partida. La velocidad del encuentro le superó. Dispuso de un lanzamiento de falta que puso en apuros a Iker Álvarez.
En este final de Liga de altas revoluciones, en el que el tren atropella a quien se frena, el Real Zaragoza necesita buenos resultados por encima de todas las cosas. Las jornadas se agotan semana a semana y el tiempo también se va acabando. Para llegar a los triunfos otra vez, el equipo necesita jugar con mucho más ritmo, con más claridad y con mucha más solidez que frente al Mirandés y el Córdoba. Por ahí se ha descosido, ha perdido la seguridad colectiva. Las bajas de jugadores capitales, como Rober, hacen un daño terrible. Marcos Cuenca tuvo la oportunidad de volver a ser titular y la aprovechó: su pitera sobre el césped debe ser una referencia de la actitud que necesitará el Real Zaragoza de aquí a que termine la Liga. Hará falta eso, más fútbol y, sobre todo, ganar y ganar.
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