¿Cómo es posible que un mapache pueda manipular mecanismos artificiales hasta abrirlos para alcanzar su comida? ¿O que un cuervo fabrique una herramienta con el mismo propósito? ¿Puede un chimpancé crear música? Y también hay peces que pueden trepar una pared vertical agarrándose a la roca. Son casos de comportamiento animal que sorprenden a los científicos porque parecen ir más allá de las habilidades naturales que se les suponen a especies silvestres, no adiestradas para estos fines.
En ensayos realizados por los biólogos, los mapaches han demostrado ser capaces de manipular cierres, probar diferentes combinaciones y corregir maniobras hasta dar con la solución. No se limitan a insistir: cambian de estrategia cuando una vía no funciona.
Esa secuencia —probar, fallar, ajustar— aparece también en aves como los cuervos, capaces de fabricar herramientas. Seleccionan materiales que hallan a su alcance y los modifican para cumplir una función concreta, como alcanzar alimento.
En los chimpancés, la secuencia va un paso más allá, pues no solo emplean objetos, también los crean con un objetivo definido. Incluso para algo tan aparentemente trivial como crear música. En todo caso, son gestos que implican una predeterminación y obligan a probar, elegir y rectificar.
Esa lógica práctica —crear para usar— conecta con lo que ocurre en el océano. Los pulpos, con su sistema de brazos, ejecutan movimientos precisos en el momento de la reproducción. Uno de esos brazos cumple una función específica en el proceso de fecundación. No hay margen para el error: el comportamiento está afinado para una tarea concreta.
Desplazarse contra el límite
Especialmente sorprendente es el caso de los peces que escalan literalmente una pared vertical de roca en plena cascada. Se agarran a ella y, mediante un esfuerzo hercúleo, alcanzan la cima tras horas y horas. En este caso, no hay herramientas ni manipulación de objetos, sino una respuesta que les ha dado la evolución para hacer frente a este desafío.
En tierra, otros cambios se perciben en la llegada de especies. Las mantis asiáticas de gran tamaño irrumpen en Europa como especies invasoras y despliegan una capacidad de caza que les permite incluso capturar lagartijas y ranas. Al mismo tiempo, miles de abejarucos regresan este mes a España desde sus cuarteles de invierno y ocupan de nuevo sus nidos de verano. No resuelven mecanismos ni fabrican objetos, pero ajustan su comportamiento a ciclos y condiciones concretas.











