“Esperamos que se haga justicia”. El PSOE encara el juicio por el caso mascarillas contra el exministro José Luis Ábalos y su asesor, Koldo García, entre el resentimiento por acarrear con la mancha de la corrupción en sus filas y la convicción de haber actuado diligentemente contra ella con “tolerancia cero”. De ahí que el control de daños pase ahora por intentar pasar página con el juicio desde la máxima de “que se sepa toda la verdad” y que “quién la haya hecho que la pague”, resumen desde el PSOE.
Sobre las consecuencias políticas y electorales del juicio que comenzará este martes, los socialistas entienden que el daño ya está hecho. Por eso, aunque no se atreven a hablar de que esté amortizado, sí aseguran que no hay preocupación en la sede federal deslizando que el coste se da por descontado. En primer lugar, según apuntan, porque “no tenemos nada que esconder”, avisan tanto respecto a la estrategia de defensa del que fuera secretario de Organización. En segundo lugar, porque sitúan a Ábalos en el pasado, alguien que “no forma parte del PSOE”.
Desde Moncloa aprovechan contraponer este juicio con el del caso Kitchen, al solaparse en el tiempo. El caso que afecta al PP, según cuestionan, demostraría que bajó su mandato “la corrupción es sistémica e institucionalizada”, además de “utilizar a las fuerzas de seguridad para hacer espionaje a sus rivales políticos”. “Nadie está libre de tener un caso de corrupción, la cuestión es cómo reaccionas a ellos”, concluyen las mismas fuentes del Gobierno para insistir en que no aceptan lecciones de los populares.
Más allá del deseo de que “se sepa toda la verdad”, en el Gobierno tratan de marcar distancias con el juicio mostrando todo el respeto al proceso y trasladando el mensaje de que están centrados en gobernar. Principalmente, para capear la coyuntura por la guerra en Oriente Medio y combatir sus consecuencias económicas. En el juicio se dirimirá el ‘pelotazo’ de 16 millones de euros, más otras compensaciones como los «enchufes» para Jésica Rodríguez, que fue pareja de Ábalos, y que habrían presuntamente obtenido gracias a la adjudicación a la empresa Soluciones de Gestión de la compra de mascarillas para Transportes y otras administraciones.
Cuando Ábalos entró en prisión, en la cúpula del partido remarcaban que no lo hacía un diputado socialista, sino uno del Mixto «desde hace mucho tiempo porque lo echamos». Un cortafuegos al que se vuelve a recurrir ahora, refugiándose en su expulsión del grupo parlamentario en febrero de 2024 y posteriormente del partido “cuando se tuvo el más mínimo conocimiento de presuntas irregularidades”.
Mensaje de tranquilidad a los socios
Este nuevo golpe para los socialistas se produjo solo unos meses después de que también ingresara en la madrileña cárcel de Soto del Real Santos Cerdán, el sucesor de Ábalos en la secretaría de Organización. Aquel ‘shock’ se ha ido digiriendo en Ferraz, pero parece que también entre los socios parlamentarios. Su línea roja sigue siendo que los casos de corrupción no escalen o afecten a la financiación del partido.
Desde Ferraz tratan de tranquilizar a sus socios en este sentido al asegurar que se ha investigado todo y que no hay información que pueda comprometer al partido. Se apunta a que la trama estaría perimetrada y que respondería a personas concretas sin afectar a la organización, tanto en referencia al presunto pelotazo de las mascarillas como a la operativa de comisiones a cambio de obra pública liderada por Santos Cerdán, primero el número dos de Ábalos en Ferraz y desde julio de 2021 al frente de la secretaría de Organización.
El comodín de la amenaza de un Gobierno de PP y Vox para apretar las filas y desactivar las dudas de los socios siempre ha estado ahí. Una suerte de “responsabilidad histórica” de la izquierda para frenar esta alternativa que ante la coyuntura geopolítica y el “no a la guerra” se ve más urgente. En este contexto, los colaboradores del jefe del Ejecutivo sitúan a España como una suerte aldea gala ante la ola reaccionaria. Un papel que con la cumbre progresista de Barcelona, los próximos 17 y 18 de abril, Sánchez reivindicará junto a otros líderes internacionales para erigirse en referente y eje de oposición a Donald Trump.
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