La llegada de la primavera invita a pasar más tiempo al aire libre, pero también aumenta ciertos riesgos para los animales que muchas veces pasan desapercibidos. En la COPE, el veterinario Alejandro Arce habló sobre los peligros más comunes de esta estación, desde parásitos y alergias hasta problemas menos esperados, como la astenia o intoxicaciones con plantas domésticas.
Un fenómeno curioso que afecta tanto a perros como a gatos es la astenia primaveral. Según Arce, los dueños suelen notar a sus animales «apáticos, que no comen, que duermen mucho». Este cansancio temporal se produce porque el cuerpo se adapta al aumento de temperatura, reduciendo el gasto energético necesario para mantenerse caliente, lo que genera un estado de fatiga pasajera que generalmente se normaliza con el tiempo.
La primavera también altera el comportamiento de las gatas debido a su ciclo reproductivo, que depende de la cantidad de luz diaria. «En primavera, una gata puede estar cada dos o tres semanas saliendo a celo», explica el veterinario. Este proceso continuo es «terrorífico» para el animal, causando gran estrés, por lo que la esterilización se recomienda como la mejor solución.
Arce hace especial hincapié en las plantas tóxicas del hogar, muchas de las cuales los propietarios desconocen. Recomienda «hacer una auditoría de las plantas que tienen». Entre las más peligrosas se encuentra el lirio: «Si tenéis un gato, yo diría, nunca pongáis un lirio en vuestra casa, porque son mortales para los gatos», ya que puede provocar insuficiencia renal en pocas horas. Incluso el aloe vera, común en muchas casas, resulta tóxico, pudiendo causar vómitos o problemas neurológicos. Plantas como la hiedra, el ficus, los narcisos y los tulipanes, especialmente sus bulbos, así como el tejo o el ricino, también representan riesgos graves para la salud de las mascotas.

Al aire libre, los peligros continúan. Las alergias al polen pueden manifestarse en los perros como dermatitis atópica, mientras que las espigas, aunque no son tóxicas, «producen unos problemas brutales» al clavarse en la piel, entre los dedos o en los conductos auditivos.











