La primavera en Berga es eterna, es un año que gira alrededor de un día que convierte a la localidad en la capital del mundo ciclista, cuando todavía ni se sabía que Barcelona acogería la salida del Tour, con todo lo que conlleva la organización del evento, los bergadanes ya vivían en modo ronda francesa, aunque, de hecho, la carrera que acogían era la Volta.
Consiguieron que todo el mundo hablase de la maravilla de Pradell, una montaña cercana que aunque se catalogue de infierno por la dureza de las rampas, por el esfuerzo que supone ascenderla en bici, de hecho es un paraíso, porque es lo que se busca al convertir a cumbres en mitos donde se premia el sacrificio humano de enfrentarse a un reto de enorme envergadura; un lugar para presumir que una persona, subida a una bicicleta, ha sido capaz de vencer un obstáculo orográfico de enorme dificultad, y que se hable de Pradell en términos similares al Tourmalet, el Mortirolo y el Angliru, difícil cada uno de ellos, aunque diferentes, pero que forman parte de la leyenda del ciclismo.
Demasiado duro para el Grand Départ
Colocaron a las montañas de la comarca del Berguedà en la geografía ciclista y hasta soñaron en ser agraciados con la visita del Tour. Barcelona está a poco más de 100 kilómetros, una hora y cuarto en coche, todo autovía y autopista, nada de carreteras complicadas con mil curvas en el horizonte. Lástima que Pradell fuera una cumbre prohibitiva en la segunda o tercera etapa de la ronda francesa. Vamos que Pogacar y Vingegaard ya se habrían merendado allí la clasificación general a las primeras de cambio. Al menos hay que mantener la emoción lo más cerca de París.
Hasta un grupo de entusiastas vecinos creó la Primavera Ciclista, un movimiento ciudadano para impulsar la llegada de la Volta. Y no sólo en los días previos a la carrera, sino todo el año, esa primavera de la que presumía el Corte Inglés cuando el invierno todavía dominaba el ambiente con sus temperaturas gélidas.
La escultura de Merckx
Había que crear esculturas de acero, como la que se colocó en Casserres para representar a Eddy Merckx sobre una bici. Conferencias, documentales, exposiciones, cuadros de corredores colgados en diversas calles de Berga y menús especiales en los restaurantes de la capital de la comarca con ingredientes ciclistas. Así, así, así se trabaja en la promoción de una etapa ciclista. No es que lo inventasen ellos, ni mucho menos, porque es lo que muchos pueblos franceses hacen desde hace décadas cuando saben que han sido recompensados con la organización de una etapa del Tour.
La gente conoce el evento, va al lugar, se emociona y fomenta estampas propias del Tour en la Volta, como sucedió la primera vez que se escaló Pradell, en 2024, y tal como estaba preparado el año pasado cuando un viento, casi un huracán, obligó a anular las ascensiones por la comarca para dejar la etapa en un paseo casi cicloturista de poco más de 20 kilómetros.
Reliquias ciclistas
Fue una pena, pero se tomó una decisión. Trasladar la etapa a 2026 cuando inicialmente se había apostado por dar al menos un año de tregua a Pradell y compañía para no quemar las subidas, para no morir de éxito.
Este sábado Berga, Pradell, Santa Maria de Queralt, todas las reliquias ciclistas a la vez se volverán a poner el uniforme deportivo para recibir a la Volta y vivir ese ambiente propio del Tour como no se ve en ninguna otra etapa de la ronda catalana, con un éxito indiscutible gracias al esfuerzo de colectivos como Primavera Ciclista. Ojalá cunda el ejemplo en otras zonas de Catalunya en un futuro no muy lejano.
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