Esas pequeñas cosas

Cantaba Serrat aquello de ‘Esas pequeñas cosas’ y en una de las estrofas dibujaba este sentimiento: «Que el viento arrastra allá o aquí. Que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve». Arranco con estos versos porque es el desazón que sintió una amiga cuando regresó a su casa y vio que los árboles, los que mecían sus horas, sus sueños, también todas sus debilidades, habían sido talados sin compasión con motivo de las obras que el Ayuntamiento de Zaragoza está acometiendo en la plaza San Miguel. Sintió rabia, asco y un profundo desconcierto, porque ella pensaba que aquellos árboles centenarios eran intocables, pero no, y hoy son solo el recuerdo en una fotografía que provoca una lágrima cuando nadie nos ve. Porque ¿a quién le pueden importar unos pocos árboles centenarios? Quizá solo a ella que los abrazaba y hoy los echa de menos porque sabe que no volverán, quizá planten otros, pero no serán ni tan frondosos, ni tan esbeltos, ni bellos y lanza un quejido y mira lo que ya no existe y maldice decisiones que son arbitrarias y se estrellan ante un cementerio de troncos que solo unas horas antes eran vuelo, belleza, protección, abrazo, ciudad.

Fuente