De 22 años en el convento, me cotizaron 12 a la Seguridad Social y me dieron 3.000 euros en pesetas

Conocer qué sucede realmente en un convento de clausura no es siempre fácil. Acercar lo que ocurre y cuál es su trabajo diario resulta complicado de saber, ya que no siempre abren sus puertas a los medios de comunicación para que sean testigos de su rutina. Su a vida contemplativa dificulta que trasciendan detalles sobre su día a día.

Esta semana, ‘Y ahora Sonsoles’ contó con el testimonio de Águeda, una mujer que entró como monja de clausura en 1983 y salió 22 años después. Águeda colgó los hábitos y, durante esas más de dos décadas, vivió ajena a los cambios políticos del país, a los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 o al paso de la peseta al euro.

Águeda, exmonja de clausuraCaptura Antena 3

El día a día de Águeda en el convento era «cuidar a las mayores o trabajar en un taller de electrónica». Además, no tenían acceso a informativos ni a programas de entretenimiento: «No había tele; alguna vez vino el papa a España y nos la pusieron para ver a Juan Pablo II«.

«La familia iba a verte con los sobrinos y hermanos, pero de vez en cuando, y se quedaban a comer; los veías entre dos rejas«, explicó sobre su contacto con el exterior, que se producía apenas un par de veces al año.

A pesar de lo chocante que resulta vivir ajena a lo que sucede fuera durante 22 años, con todos los cambios y avances tecnológicos desde 1983 hasta bien entrados los 2000, Águeda aseguró que nada le sorprendió al salir: «Yo no tenía móvil y mi sobrino me dio el suyo al salir».

Águeda, exmonja de clausura
Águeda, exmonja de clausuraAntena 3

Tras abandonar el convento, la exmonja disfrutó de nuevas experiencias como enamorarse o salir de fiesta, asegurando incluso que es «ferviente de discotecas».

Fue «la mente y el corazón» lo que le impulsó a dejar la clausura: «Lo estuve pensando un año, pero no te puedes quedar aunque quieras, tienes que poner fecha. Me llevaron hasta el arzobispo para hablar con el obispo. De 22 años, me cotizaron 12 a la Seguridad Social y me dieron 3.000 euros en pesetas, y con eso salí y me arreglé».



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