La crisis energética lleva tanto tiempo con nosotros que ya no sabemos si es un problema o una costumbre. Eso sí, cuando se acentúa como ahora, ya es un asunto serio. Y de los gordos. En Castellón, la energía no es un concepto abstracto. Es el horno que no puede pararse y el depósito que no puede quedarse vacío. El horno sostiene la economía. El depósito sostiene el día a día. Últimamente, los dos aprietan. Y mucho.
A nivel individual, el dilema empieza en la gasolinera. En ese gesto automático de mirar el precio antes incluso de descolgar la manguera. En ese momento en el que uno duda si llenar el depósito o echar lo justo. En esa pequeña negociación diaria entre lo que cuesta moverse y lo que uno está dispuesto a pagar por hacerlo. Ahí está la verdadera pedagogía de la crisis. Por suerte, el Gobierno de España ha tenido sensibilidad con una rebaja del IVA de los combustibles para poner parches en los bolsillos y que no acaben agujereados del todo.
Luego vienen las explicaciones. Que si los mercados, que si el contexto internacional, que si la transición energética. Todo razonable. Todo lógico. Salvo la sensación de que siempre acaba pagando el mismo.
En la cerámica lo saben bien. Llevan años afinando al milímetro para que los números salgan, pendientes de un gas que sube y baja con una facilidad que ya quisieran otros indicadores. Aquí la energía no es una variable más. Es la variable. La que decide si se produce, cuánto y en qué condiciones. Con la economía de Castellón girando en una especie de ruleta rusa.
El ciudadano hace su propio ajuste. Más doméstico, pero igual de real. Cambia hábitos, recorta desplazamientos, mira dos veces el marcador. Se adapta. Como si repostar caro fuera lo normal. Como si el susto estuviera incluido en el precio. Y haciendo malabares ante tanta incertidumbre.
Nos dijeron que esto era coyuntural. Que vendría una transición energética, un nuevo modelo, una cierta estabilidad. Puede que llegue. Pero de momento, el presente funciona con otra lógica. Guerras como la de Ucrania o la de Oriente Medio se encargan de recordarlo cada vez.
Total, siempre habrá quien vuelva a la gasolinera. Total, siempre habrá quien pida: dame más gasolina.
Redactor jefe de Mediterráneo
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