La mala gestión de las expectativas es una de las formas más eficaces de convertir un éxito en un aparente fracaso. Basta con prometer demasiado, insinuar que lo extraordinario está a la vuelta de la esquina o dejar que la euforia se desborde. Aunque el resultado final sea objetivamente bueno, se percibe como una decepción porque alguien decidió inflar artificialmente el globo de las previsiones.
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