Pablo Pérez tiene 32 años y un contrato predoctoral en una universidad madrileña. Su novia, un poco más joven, trabaja en una empresa de energía solar. Sin embargo, no les llegaba para independizarse en un piso de la capital. «Ha sido imposible por el precio. Madrid se ha vuelto loco. Además, las agencias te piden que ganes el triple del alquiler que pagas». Desde hace año y medio ambos viven en una habitación de un piso compartido del céntrico distrito de Arganzuela. Pagan 750 euros al mes. Son en total seis personas, incluida otra pareja, todos «trabajadores jóvenes».
«Era el paso para no estar cada uno en casa de nuestros padres, y tener independencia, poder ahorrar, salir, hacer cosas básicas», asegura Pablo, que admite que es una «experiencia heavy». «Es como estar en un piso de estudiantes; pierdes el control y la intimidad«, razona. La casa no tiene salón, la cocina es compartida, y la vida la hacen en su habitación, donde tienen un proyector para ver la tele: «Al final reduces mucho lo que tienes, con lo que vives. Si quieres hacer planes tienes que salir fuera de casa. Con el resto de inquilinos nos llevamos bien, es una relación cordial«, asegura el joven, que ahora mismo cree que es «el momento de aguantar» a ver qué pasa con el precio de la vivienda. «Igual tendremos que irnos lejos de Madrid», lamenta.
«El 35% de los inquilinos que tenemos son parejas que no pueden pagar un piso» señalan en Rooming, que alquila más de 540 habitaciones en Madrid
Sara, treintaypocos años, vivía con su pareja, Manuel, en su piso de Villaverde cuando un amigo les llamó porque un conocido suyo, Gonzalo, estaba buscando habitación en Madrid. «Él era de Galicia. Había hecho un curso de hostelería y le había salido trabajo aquí, pero le pedían muchísimo dinero por una habitación; más de lo que nosotros pagamos de hipoteca», aprecia la joven, que ya había compartido piso antes y sabía los inconvenientes de hacerlo, pero querían echarle una mano.
Pablo y su novia aceptaron alquilar una habitación en un piso compartido para independizarse y Sara y Manuel abrieron las puertas de su vivienda para aliviar gastos
«Teníamos claras ciertas líneas, la limpieza, los horarios… fue fácil. Es cierto que pierdes la intimidad cien por cien, pero él trabajaba mucho, en horarios de comida y de cenas, y lo compatibilizamos bien», asegura Sara, que pudo así compartir los gastos con Gonzalo. Con eso y el alquiler «pudimos ahorrar algo». «Nos hicimos muy amigos. Después de un año se ha ido a Galicia porque le ha salido un trabajo mejor allí».
Los casos de Pablo, Sara, Manuel y Gonzalo no son aislados, sino una práctica cada vez más habitual, especialmente entre los jóvenes: parejas que para independizarse optan por alquilar una habitación en un piso compartido o parejas que, para afrontar gastos, abren su vivienda a inquilinos. Todos asumen la pérdida de privacidad que estas fórmulas comportan. El alto coste del alquiler y la falta de oferta asequible para comprar en las principales capitales no les deja otra opción.
El mercado refleja el empuje de esta tendencia: la oferta de habitaciones en piso compartido ha crecido un 19% interanual durante 2025, según el último informe publicado por Idealista. El interés por estos alojamientos también ha aumentado un 3% respecto al año pasado, lo que indica que la demanda ha crecido a un ritmo similar a la oferta. Y esa demanda ha repercutido en los precios de las habitaciones, que han subido un 4% interanual hasta situarse en una media de 425 euros mensuales.
«Antes se pensaba que alquilar una habitación era para universitarios. Ahora se ha ampliado a personas de entre 25 y 35 años»
A este auge del alquiler de habitaciones ha contribuido el fenómeno de las parejas y matrimonios que comparten piso. De hecho, un estudio de Pisos.com señala que los caseros que aceptan a parejas como inquilinos han pasado del 8,86% al 12,83% en un año. «Antes se pensaba que alquilar una habitación era para una época muy concreta de la vida, para jóvenes y universitarios, pero eso ha ido cambiando con el tiempo. Ahora se ha ampliado a personas entre 25 y 35 años«, señala Ferran Font, portavoz y director de estudios de Pisos.com.
Efectos en la natalidad
De acuerdo con el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, el 85% de los menores de 30 años no se puede emancipar y siete de cada diez jóvenes con empleo viven con sus padres. «Aun así, incluso personas que se han emancipado siguen compartiendo piso, en algunos casos hasta los 40 años, lo que tiene efectos sobre la formación de familias y la natalidad«, apunta Font.
Así las cosas, que haya parejas buscando pisos «se ha normalizado». «Vamos a un escenario que cada vez se acepta más porque es la única opción para muchas parejas; el mercado no les ofrece otra alternativa, pero es cierto que el peso sobre el total de personas que alquilan es todavía relativo», señala el director de Estudios de Pisos.com, que circunscribe el fenómeno a grandes capitales «y áreas que limitan con grandes capitales», como podrían ser L’Hospitalet en Barcelona o Getafe en Madrid, ya que es en estas zonas donde hay más oportunidades laborales.
José, Víctor y Luis comparten piso en Rivas; la novia de José también vive con ellos. / EL PERIÓDICO
Este nueva derivada del coliving o flexliving se centra en parejas buscando una habitación grande o un piso con amigos, si se puede, para compartir espacios comunes (cocina, salón) manteniendo su convivencia afectiva pero compartiendo gastos con terceros.
En la pandemia, el empresario Roberto Moraga montó con su socio Rooming. Alquilan casas a propietarios, los reforman si hace falta y luego realquilan las habitaciones. Ellos se encargan de dar un servicio integral, desde reparaciones hasta cobros del alquiler. Comenzaron con un puñado de viviendas y ahora gestionan 128 con 543 habitaciones. «Nosotros asumimos todo. Si el inquilino no paga, pagamos al propietario nosotros», señala Moraga, que conoce de primera mano las particularidades del mercado de alquiler.
«Las parejas aguantan más»
«El 35% de los inquilinos que nosotros tenemos son parejas que quieren irse juntos pero no pueden comprarse o alquilar solos una vivienda y quieren ahorrar«, precisa el empresario, que señala que dentro de la alta rotación en el sector las parejas «aguantan más que los inquilinos normales, porque tienen asumido que tienen que pasar por ello para un bien mayor porque pueden ahorrar el doble».
«Nosotros incluimos suministros, limpieza, Wifi… si pagas 500 euros por una habitación de alquiler y los dos trabajan se puede ahorrar mucho«, señala Moraga, que precisa que el 40% de estos inquilinos suelen ser ciudadanos extranjeros que vienen a España a trabajar, «principalmente colombianos y venezolanos», y el 60% restante estudiantes y empleados jóvenes que vienen a la capital de fuera Madrid para trabajar.
«Muchas parejas no duran mucho, hay mucha separación también porque la convivencia es jodida, pierdes la intimidad»
«Si son madrileños suelen ser parejas», aprecia el empresario, que apunta que la media de estancia de las parejas suele ser de «un año y medio«. «Muchas parejas no duran mucho, hay mucha separación también porque la convivencia es jodida, pierdes la intimidad. Suelen aguantar los que de verdad quieren comprarse una casa», apostilla Moraga, que entre su cartera de viviendas tiene una en Avenida de América con ocho habitaciones y cuatro baños.
Para Font, de Pisos.com, las parejas que comparten piso con otras personas lo hacen «porque el mercado no les ofrece alternativa«. «Ante la situación que estamos viviendo, las personas más afectadas son las que están en la parte más baja socialmente. La vivienda de alquiler da respuesta a los que han sido expulsados del mercado», subraya.
«La idea es ahorrar»
«La idea es que en un tiempo ahorre y mi hermana se venga de Venezuela a vivir conmigo», cuenta Víctor, peluquero venezolano de 24 años que comparte piso con dos amigos, José y Luis, y la novia de uno de ellos -todos ellos de parecida edad- desde diciembre de 2023. Pagan 1.200 euros en total por una vivienda en Rivas Vaciamadrid. Víctor tarda casi una hora en llegar a su trabajo en el barrio de Puerta del Ángel, pero era la mejor vivienda que encontraron.
«En Madrid vivir solo es caro y difícil. Viviendo así compartimos gastos. La convivencia nos va bien. Cada semana le toca a uno limpiar», explica Víctor, que cree que en algún momento la pareja se buscará su propio piso pero por ahora disfrutan todos del buen rollo que hay. «Cocinamos para todos, se comparte mucho, aunque cuando vemos el fútbol juntos [él es el Barça, sus amigos del Real Madrid] a veces acabamos cabreados», sonríe.
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