Evelyn (36 años) y Johan (40), naturales de Cali (Colombia), llegaron hace año y medio a España con la esperanza de una vida nueva, pero se dieron de golpe contra la realidad. Habían cogido cuatro noches de hotel en Madrid para darse margen para encontrar una habitación para alquilar, pero en el portal inmobiliario Idealista «no bajaban de 500 euros al mes. 500, 600, 700«. Buscando un poco más, en otro portal especializado en alquiler de habitaciones, Rooming, que cuenta con 128 pisos en la capital, vieron que les salía más barato «y no pedían tantos trámites para alquilar».
«Nos pidieron solo la fianza, la inscripción y el mes en curso, que fueron 290 euros. La facilidad fue que no nos pidieron nómina», recuerda Evelyn, que junto a su pareja comenzó así a vivir por primera vez en su vida en un piso compartido. Tenía cuatro habitaciones, cocina y baño, y estaba situado en el céntrico barrio de Lavapiés. Normalmente, en este tipo de apartamentos no suele haber salón ya que se ha ‘sacrificado’ para obtener una habitación más y porque se espera que cada inquilino o pareja de inquilinos haga la vida en su propia habitación.
La pareja pudo acceder a un techo tras contactar con una empresa que no les pidió nómina
«La verdad es que nos fue bien, todo fue normal. Los compañeros de piso muy amables, todos con su trabajo», comenta la pareja, que en Colombia estaba acostumbrada a vivir en «casas familiares» -«allí no se comparte»-, pero mucho más grandes que las que se han encontrado en España. «Al principio fue algo diferente, pero nos adaptamos fácil, los compañeros eran muy amables. Cada uno iba a lo suyo», aprecia Evelyn.
«Todo era muy respetuoso»
En la cocina cada inquilino tenía su espacio para almacenar comida tanto en armarios como en las dos neveras que había. «Cada uno guardaba lo suyo y nadie te cogía nada, era todo muy respetuoso. A la hora de cocinar si había alguien cocinando, esperaba a que se desocupara la cocina», rememora Johan sobre aquella época en la que cada inquilino comía de vuelta a su cuarto para compartir espacio.
Evelyn y Johan llegaron a Madrid hace más de año y medio y comenzaron viviendo en una habitación de un piso compartido. / JOSÉ LUIS ROCA
A los pocos días de estar en España, Johan encontró trabajo en el sector de reformas de pisos, y un poco más tarde Evelyn logró empleo en el sector de limpieza de viviendas. Dos meses después de llegar, pidieron a la empresa un cambio de habitación, a una más «moderna y bonita» en Entrevías, cuyo alquiler ascendía a 520 euros. Fue un salto de calidad importante que se pudieron permitir porque consiguieron «ahorrar». «Ahí ya teníamos baño privado, aire acondicionado y la cocina era muy moderna. Era un piso muy bonito», aseguran ambos sobre el año que estuvieron viviendo en ese apartamento donde compartían piso con otras dos personas.
«Todos trabajaban, cada uno iba a lo suyo; venía una persona a limpiar», recuerda Evelyn sobre un modelo, el de Rooming, que facilita en el precio del alquiler servicio de limpieza, luz, gas, agua y Wifi. «La norma de convivencia básica es mantener la limpieza. En el caso de nuestro baño lo limpiábamos nosotros».
Al año de estar allí, les surgió la oportunidad de moverse a su propio piso tras solicitárselo de nuevo a la empresa. «Les dijimos que estábamos interesados en irnos a nuestro propio estudio. Nos dijeron que estaban reformando un edificio y que iban a hacer estudios, y cuando acabaron la reforma nos avisaron», comentan ambos en el piso en el que viven en la actualidad en Villa de Vallecas, con cocina-salón, habitación y baño. Pagan mil euros de renta por todo incluido, como en los anteriores.
«Hemos ganado privacidad», confiesa la pareja, que está muy agradecida a la facilidad que les dieron desde la empresa ya que no les pidieron nómina en un primer momento, solo firmar un contrato y presentar sus pasaportes. Por ahora, les ha dado tiempo a andar poco por el barrio, ya que se tiran mucha parte del día trabajando, pero aseguran que están disfrutando mucho de la casa, un espacio propio en el que estar más relajados aunque estén lejos del centro. «Vivir en Lavapiés estaba muy bien, pero también tenía sus desventajas».
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