Jagoba Arrasate ha caído traicionándose a sí mismo. «Hemos llegado a un punto donde hemos priorizado más arroparnos por las carencias que tenemos. Tenemos que trazar un camino y ese tiene que ser el de ir a por las cosas y no esperar a que las cosas pasen. Tenemos que volver a la casilla de salida. Lo tengo clarísimo. Tenemos que ser ese equipo valiente, con un camino trazado. Me gustaría no traicionarme a mí mismo. En las últimas jornadas tengo la sensación de que estoy perdiendo dos veces: una por el partido y segundo porque no me gusta lo que veo». Esas fueron las palabras que entonó el ya extécnico del Mallorca tras la derrota ante la Real Sociedad por 1-0 en la sexta jornada. Aunque hoy encajan incluso mejor que entonces. Porque el escenario actual no solo replica el inicio de campeonato: lo empeora.
El club destituye al entrenador que la pasada campaña consiguió cuajar la cuarta mejor primera vuelta de la historia de la entidad en Primera División, con 30 puntos. Pero desde la Supercopa de Arabia, todo comenzó a torcerse. El conjunto balear, tras caer en aquella semifinal ante el Real Madrid, empezó el 2025 con tres derrotas consecutivas en Liga, algo que no sucedía desde antes de la llegada de Javier Aguirre en abril de 2022. Con su derrota ante el Celta de este domingo, los bermellones han igualado esa racha negativa de tres partidos seguidos perdiendo.
Inmersos en el descenso por segunda semana consecutiva, el resultado y, sobre todo, la imagen que dejó el equipo ante los de Giráldez ha propiciado que Ortells tome la decisión de destituir al vizcaíno tras haberle ratificado justo antes del choque. El director deportivo reiteró su confianza en su figura en la previa del partido, pero la cara con la que salieron el castellonense y Alfonso Díaz de Balaídos era de funeral. El Mallorca va a la deriva y el crédito de Arrasate ha terminado por agotarse. En los últimos nueve partidos, son dos victorias, un empate y seis derrotas. Siete puntos de los últimos 27. A Ortells, cuyo perfil conservador e inmovilista es conocido de sobra, se le ha agotado la paciencia.
De esta manera, el técnico deja la isla con 21 victorias, 15 empates y 32 derrotas en 68 encuentros oficiales. Llegó hace temporada y media con la idea de darle otro aire al equipo después de que finalizara la etapa de Aguirre, especialmente en la faceta ofensiva. Se buscaba que el Mallorca fuese más alegre en ataque y más vistoso de ver. Los primeros meses fueron más que ilusionantes, parecía que el propósito con el que se había acometido su fichaje estaba más que conseguido. Pero tras aquella magnífica primera vuelta, todo se ha ido desmoronando poco a poco.
Una de las mayores fortalezas del equipo durante los primeros partidos en los que el de Berriatua dirigió a los bermellones era que la huella del técnico mexicano y la solidez defensiva seguían estando ahí. Pero en esta temporada ha sucedido todo lo contrario. El conjunto balear es el segundo más goleado del campeonato, con 41 tantos en su contra. Ha encajado 19 goles en los últimos doce partidos. El vizcaíno venía remarcando una semana tras otra en sus comparecencias que tenían que “poner remedio” a ese problema. Pero no ha habido manera. Da igual que haya sido con cuatro defensas, con cinco o con once.
En lo que respecta a ese otro aire que se pretendía dar en ataque, la realidad es que, especialmente fuera de casa, los planteamientos del entrenador han sido muy conservadores en los últimos partidos. No se ha visto por ningún lado ese «equipo valiente» que Arrasate pretendía armar. El mayor fallo del de Berriatua, además de no sacar resultados y estar en descenso, ha sido no ser fiel a sí mismo. Las sensaciones que han transmitido los bermellones durante las últimas semanas han sido nefastas. La desidia, la falta de ideas en ataque, la ausencia de un plan B, la fragilidad defensiva… Una mezcla de problemas que, a pesar de no ser el máximo responsable de este escenario, han terminado por condenar a Arrasate. La pobre imagen que mostró el Mallorca ante el Celta, con tan solo un tiro en todo el partido que no fue ni a puerta, ha sido la gota que ha derramado el vaso.
Aunque también cabe mencionar que las herramientas de las que he dispuesto, especialmente este curso, no han sido las más óptimas. Tras dos mercados de fichajes que han sembrado más que dudas en la afición mallorquinista, el único jugador del once que se alineó ante el Celta que ha llegado a la plantilla en alguna de las tres últimas campañas fue Jan Virgili. Del resto, todos estaban ya con Javier Aguirre. Una muestra de que el técnico no ha confiado en los fichajes que le ha traído Ortells. Muchos de los futbolistas han estado también por debajo de su nivel, lo que sí es responsabilidad del entrenador. Pero es evidente que uno de los factores que ha propiciado esta situación es la falta de piezas.
Con Arrasate ya fuera, el foco se desplaza ahora al palco, donde el presidente Andy Kohlberg estará presente este sábado ante la Real Sociedad. La grada empezará a dirigir sus miradas y sus exigencias hacia la planta noble, que ahora se queda sin su escudo. El banquillo ha sido el primero en caer, pero no el único responsable de una situación que viene de lejos. A largo plazo, el Mallorca necesita algo más que un relevo en el entrenador para corregir el rumbo y solucionar un problema que es estructural.
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