El Levante se agarra, a la épica y por todo lo alto, a la esperanza

Según avanza la temporada, por mucho que los tropiezos se acumulen, el Levante se niega a tirar la toalla ni a darse por vencido. Forma parte de su identidad. Es la señal que identifica a un club acostumbrado a remar a contracorriente, pero que nunca da su brazo a torcer. Se negó a hacerlo cuando gobernó el pesimismo y el futuro pintó oscuro, como en los tiempos recientes donde un ascenso a Primera División fue agua en un desierto lleno de tristeza y ausente de recursos. Por ello, la victoria contra el Elche (2-1), cargada de entrega, pasión y convencimiento a pesar del tanto inicial visitante, fruto de una remontada obrada gracias a los goles de Pablo Martínez, Dela y Matturro, es la culminación a meses donde jamás existió pesimismo, sino esperanza por revertir la situación, huir del pozo y, por consiguiente, soñar con la salvación en Primera División después de un encuentro caótico y donde se alcanzó el triunfo con la mayor épica posible. Sufrir un empate en el descuento, posterior a una remontada, y levantarte con la fortaleza suficiente como para asestar el golpe definitivo con las esperanzas bajo mínimos, es el apotéosico remate a cinco meses donde, por momentos, pareció que el Ciutat de València estaba maldito. No obstante, sus primeros tres puntos de la temporada, seguramente más tarde de lo deseado, son la vida para este Levante: que no solo nunca perdió la esperanza, sino que, ahora sí, sueña, descontroladamente, con permanecer en la élite. 

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