Alicante cambia de escaparate comercial a gran velocidad. En apenas unos meses, el Centro Tradicional y el Casco Antiguo han visto multiplicarse los supermercados «exprés» en calles donde antes predominaban tiendas de barrio y pequeños negocios. Un modelo de comercio vinculado al consumo rápido y al turista de apartamento que crece al mismo ritmo de los bloques turísticos y que empieza a tensionar el equilibrio del comercio local.
Desde la Rambla de Méndez Núñez a la plaza San Cristóbal pasando por la calle Gerona o el entorno de la plaza de Gabriel Miró concentran buena parte de estas nuevas aperturas. Son zonas con alta densidad de apartamentos turísticos y tránsito constante de visitantes, y en ellas este formato, locales de menos de 300 metros cuadrados, abiertos de lunes a domingo y, en muchos casos, apertura 24 horas, se ha instalado con fuerza. Solo en el último mes, el centro de Alicante ha sumado más de cinco de nuevos establecimientos de este tipo.
Un crecimiento acelerado
El fenómeno no es puntual. En el último año, la provincia de Alicante ha superado ya las 1.000 tiendas de supermercados y autoservicios, con presencia de hasta 48 operadores distintos, 17 de ellos con sede en la propia provincia. La cobertura alcanza al 98 % de la población y la densidad comercial se sitúa en 391 metros cuadrados por habitante, por encima de la media autonómica y nacional, según datos del Informe de Distribución Alimentaria en la Comunidad Valenciana.
En la capital, el crecimiento se concentra especialmente en el formato «exprés». La normativa que convierte a Alicante en Zona de Gran Afluencia Turística permite que los locales de menos de 300 metros cuadrados ubicados en zonas de gran afluencia turística puedan abrir todos los días de la semana, incluidos festivos, y ampliar su horario hasta un máximo de 90 horas. Esta flexibilidad, unida a la alta rotación de clientes, ha convertido el centro en un espacio especialmente atractivo para grandes cadenas de distribución, que replican un modelo ya consolidado en ciudades como València o Málaga.
No son, en su mayoría, proyectos impulsados por pequeños comerciantes. Detrás de estas aperturas están grandes grupos que operan con marcas reconocibles, logística propia y capacidad para asumir alquileres elevados en zonas prime.
Qué compran y quién entra
El perfil del cliente es claro. Turistas extranjeros que se alojan en apartamentos turísticos, visitantes de paso y cruceristas que desembarcan unas horas en la ciudad. En el interior de estos supermercados se repite la escena: carros con pan, leche, pasta, agua, algo preparado para cenar y productos fáciles de consumir. En esta época del año se suman chocolates, turrones y bebidas.
Anushka Kowalska, turista polaca que pasa el fin de año en Alicante, lo resume con naturalidad mientras sale de uno de estos locales junto a su grupo de amigos: «Hemos venido a pasar el fin de año y nos alojamos en un bloque de apartamentos turísticos. Tenemos cocina y estamos cansados del vuelo, así que vamos a hacer la comida en casa. Nos ha venido muy bien que el supermercado esté aquí cerca, vendremos más estos días», comenta.
Pero la oferta en estos establecimientos va más allá de la alimentación. Cargadores de móvil, auriculares, café para llevar o pequeños productos de conveniencia ocupan un espacio destacado. Todo está pensado para resolver necesidades inmediatas de un visitante que no conoce la ciudad y se mueve a pie.
Una turista pasa frente a uno de los nuevos supermercados «exprés» que han abierto en Alicante estos meses. / Pilar Cortés / PILAR CORTES
Desde dentro del mostrador
Las propias trabajadoras confirman ese patrón. Marlen Contra, empleada de un supermercado abierto hace dos meses en la Rambla, explica que la apuesta estaba clara desde el inicio. «Ya teníamos un supermercado en Benidorm y queríamos abrir uno más grande en Alicante. Veíamos que faltaba este tipo de oferta. Aquí la mayoría de clientes son turistas: ingleses, italianos, portugueses… Cuando llegan los cruceros se nota muchísimo. Compran sobre todo desayuno, cosas básicas y productos típicos como chocolates o turrones», señala Contra.
Una semana después de levantar la persiana en la plaza San Cristóbal, Sara García describe un escenario similar. «Elegimos esta zona porque es muy turística. La mayoría de clientes son extranjeros, ingleses y franceses, aunque también polacos. Se llevan comida para hacer en casa, pasta, pan y mucha agua, tanto para el día como para estancias más largas», apunta García.
En la Rambla, Turia, trabajadora de uno de estos supermercados coincide en que el flujo cambia según la hora. «Por la mañana desayuno, a mediodía bebidas frías o algo rápido, por la noche algo para cenar. También vendemos cargadores de móvil, mucha gente los necesita porque se les ha perdido o lo han olvidado», señala.
El impacto en el comercio local
El problema, para muchos comerciantes, no es solo el número de aperturas, sino lo que desplazan. El presidente del Colectivo de Comerciantes por Alicante, Vicente Armengol, reconoce que el crecimiento es generalizado, no solo en el centro. «Cada vez hay más supermercados, también en zonas como Maestro Alonso. Preferimos cualquier local abierto antes que cerrado, pero nos gustaría que fueran comercios locales con identidad propia. Ahora parece que las apuestas las están lanzando solo las grandes empresas», subraya Armengol.
Armengol señala que la normativa de Zona de Gran Afluencia Turística favorece claramente a estos formatos. «Los locales de menos de 300 metros pueden abrir de lunes a domingo hasta 90 horas semanales en zonas de afluencia turística. Eso da un margen enorme. Pero ya no es solo en el centro, en barrios más arriba, como Campoamor o Carolinas, también se ve cómo bajos se convierten en viviendas y eso cambia el tipo de comercio que se instala en ellos«, destaca Armengol.
Desde el pequeño comercio se advierte de un efecto dominó: subida de alquileres, homogeneización de la oferta y pérdida de tiendas especializadas. Panaderías, carnicerías o ultramarinos de barrio compiten en desventaja frente a cadenas con horarios ampliados y precios ajustados por volumen.
Desde el sector turístico, la lectura es distinta. El vicepresidente de la Asociación Provincial de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Apha), Daniel Elma, defiende la apertura de estos supermercados vinculándola al consumo. «Nuestros clientes consumen en Alicante. Tienen cocinas en los apartamentos y compran comida, así que no nos sorprende que se abran supermercados, son necesarios», afirma Elman.
Elma sostiene que estos negocios cubren un vacío que antes existía y para el que no se estaba dando solución. «Antes había pequeños supermercados en el centro que cerraban porque no eran rentables. Ahora vuelven a abrir porque hay demanda. El turista necesita servicios cerca y eso también beneficia a los residentes que ahora tienen donde comprar sin tener que salir de su barrio», explica Elman.
El boom de los supermercados «exprés» es un síntoma más de la transformación acelerada del centro de Alicante. Mientras el turismo de apartamento siga creciendo, este modelo seguirá encontrando espacio. La cuestión es si Alicante puede permitirse que su tejido comercial se adapte solo a quien está de paso, dejando cada vez menos sitio a quienes viven la ciudad todo el año.
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