El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció en la madrugada de este sábado una intervención «a gran escala» contra Venezuela que ha implicado, además de numerosos ataques aéreos contra zonas militares y civiles en Caracas y otros estados centrales, la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
El éxodo de población que se ha producido en el país latinoamericano en los últimos años a raíz del régimen chavista ha propiciado un aumento considerable en la población venezolana residente en España. En la actualidad, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), hasta 400.000 ciudadanos venezolanos residen en nuestro país. Prensa Ibérica, a través de sus medios dispersados a lo largo y ancho de la península, ha recogido las primeras reacciones a la operación militar orquestada por Estados Unidos en su país de origen.
La diáspora venezolana en Madrid, entre el temor y la esperanza
El móvil de Luis Suárez no dejó de vibrar antes de que Madrid terminara de desperezarse. Abogado venezolano instalado en la capital desde hace dos años y medio, su primer gesto no fue reenviar el titular que le saltó en WhatsApp — «Estados Unidos bombardea Venezuela y captura a Maduro»—, sino frenarse y comprobar. «La primera impresión es corroborar la información», explica A EL PERIÓDICO DE ESPAÑA minutos después de conocer lo sucedido. «En Venezuela estamos acostumbrados, sobre todo en estos últimos meses, a leer una cantidad de cosas… y lo primero que pensé fue verificar que realmente estaba ocurriendo esto».
Suárez tiene a casi toda su familia en Venezuela, en Maracaibo. En cuanto pudo confirmar que no era un bulo, llamó. «Lo primero fue pensar en mi familia… verificar si sobre todo mis padres estaban despiertos». Al otro lado, le sorprendió la rapidez con la que la noticia corría: «A pesar de las altas horas de la madrugada —estamos hablando dos y media más o menos— ya estaban despiertos, ya estaban informados». En su ciudad, dice, a esa hora no se habían reportado explosiones, humo ni impactos. Pero la incertidumbre, en un país acostumbrado a vivir con sobresaltos, pesa igual: «Uno no sabe cómo pueden ser estos ataques», confiesa.
Karen Peláez, por su parte, llegó a Madrid hace apenas dos meses. La noticia la sacudió con la crudeza de quien todavía no ha construido rutina lejos de casa. «Me puse muy nerviosa por mi familia en Caracas… me puse a temblar y a contactarlos a todos a ver cómo estaban».
Su lista de miedos no es abstracta: teme que la situación les haya pillado sin comida suficiente, que se vaya la luz, que no puedan regresar a casa. “La incertidumbre, la impotencia… y la distancia con tu familia. El no poder salir corriendo y abrazarlos», dice. Y describe un cambio de tono en cuestión de horas: «Después de que publicaron que habían capturado a Maduro… cambió el tono de miedo a celebración».
Información: Andrea San Martín
Venezolanos en Ibiza apoyan «la invasión»
«Mi padre estaba con el gobierno cuando sus hijos empezamos a salir de Venezuela, pero con los años se ha dado cuenta de lo que ocurría y ha cambiado su postura«, cuenta una venezolana que reside y trabaja en Ibiza desde hace 12 años, pero que prefiere mantener el anonimato. «Apoyamos la invasión porque queremos que haya un cambio«, opina, aunque añade con realismo: «Sabemos que el cambio no va a ser de la noche a la mañana, porque tiene que ser un cambio social y mental de la gente, que lleva 25 años bajo un gobierno que penaliza su esfuerzo por trabajar, haciéndoles creer que tener dinero es malo para después hacer ver que los que mandan son quienes se lo dan todo».
Esta mujer dejó su país a los 17 años, en solitario, y pasó por diferentes zonas de España hasta instalarse en Ibiza. Antes se había marchado un hermano, tras ella salieron también el resto de sus hermanos y hermanas y, finalmente, sus padres. En Venezuela quedan los familiares de su padre, con los que están en continuo contacto tras la ofensiva de Estados Unidos. «Una de mis primas vive cerca del Palacio de Miraflores (sede oficial del gobierno de Maduro) y nos ha dicho que por ahora están bien, aunque están preparados para marcharse si en algún momento se pide el desalojo de la zona».
Información: Pilar Martínez
En Galicia ven «un rayo de esperanza»
Desde las 6 de la mañana lleva en pie Francisco Javier Salas, presidente de la Asociación de Venezolanos en Santiago, conectado al canal de televisión Al Jazeera para intentar seguir lo que ocurre en el país andino, tras los bombardeos ordenados por Estados Unidos en distintos puntos del territorio venezolano.
Cree que los venezolanos que viven en el exterior tienen en estos momentos más información que los compatriotas que se encuentran en el país, porque, tras conectarse a varias emisoras de radio venezolanas, ha podido comprobar que emiten la programación musical habitual. Por lo que ha podido constatar a través de Al Jazeera y de las redes sociales, «Caracas está tranquila, aunque se escucha algún disparo y la mitad de la ciudad está a oscuras«, señala.
Salas, que lleva 11 años residiendo con su esposa en Galicia, asentado en el municipio de Brión, admite que el ataque de Estados Unidos a Venezuela contraviene «todas las normas internacionales», pero asegura que para muchos venezolanos, que llevan «años sufriendo todo tipo de abusos», la intervención de la Administración Trump supone «un rayo de esperanza».
Información: Susana López Carbia
Alegría desbordada en Murcia: «El corazón no me cabe en el pecho»
El psicólogo Rainiero García, venezolano residente en Murcia, explica a La Opinión, momentos después de conocer lo acontecido, que «la mayoría de nosotros, que estamos exiliados, estamos muy contentos por lo que está pasando». «Finalmente sacaron a ese dictador que tenía al pueblo pasando hambre», celebra, al tiempo que recuerda que «el sueldo de un trabajador en Venezuela es de 20 dólares al mes».
Con este panorama, «de lo que yo gano aquí, tengo que mandar a mis hermanos, a un sobrino, a una cuñada, porque el dinero no alcanza para nada», detalla. Por otro lado, García indica que él tiene «familiares que son presos políticos, el dictador no los saca».
«Mi corazón no me cabe en el pecho de la alegría que tengo», expresa, tras contactar con su hermana «que esta en Venezuela y me dice que todo lo que viene es positivo» para «un país que era rico y que el comunismo ha destrozado».
Información: Ana Lucas
Temor en Valencia: «No consigo localizar a mi hijo»
Quien lleva horas sin pegar ojo es Eliezer. A este doctor, los bombardeos le han pillado en Gaza, en plena misión humanitaria. Su madre y uno de sus hijos están en València, a salvo. Sin embargo, el mayor decidió hace meses regresar a Venezuela. «Tengo más ansiedad que cuando estaban bombardeando la franja», reconoce. Aunque sabe que vive lejos de la capital, como padre tiene miedo por cómo podría evolucionar la situación en el país. Sin Maduro al frente, las incógnitas se multiplican en un estado fallido desde hace años. «No consigo contactar con él. Vive cerca de Cúcuta, en Colombia, le he mandado mensajes para que cruce el puente (es uno de los pasos fronterizos más transitados entre Venezuela y Colombia) e intente pillar un avión», confiesa Eliezer mientras intenta calmarse mientras repasa el mapa de ataques de EE UU sobre suelo venezolano, muy lejos de su hijo.
Información: Íñigo Roy
Venezolanos en Andalucía: «Es la primera vez que sentimos que algo puede cambiar»
«Es un día de mucha alegría, pero no sabemos aún qué va a pasar». Con el corazón en un puño y el móvil en la mano, así ha vivido la comunidad venezolana en Córdoba una jornada en la que la historia se acelera de golpe. Las informaciones que llegaban desde su país —caóticas, fragmentarias, difíciles de confirmar— hablaban de bombardeos en Caracas y de la posible captura del presidente Nicolás Maduro. Una noticia largamente soñada que, de confirmarse, marcaría un antes y un después para millones de venezolanos dentro y fuera del país. «Es la primera vez que sentimos que algo puede cambiar», explican.
Información: Adrián Ramírez











