La historia de Avelino Cadavieco, el nieto de La Chucha que se mantiene fiel a su barrio de Oviedo

No hay casi día del año que Avelino Cadavieco falte a su cita diaria en la huerta de La Chucha, una franja de un día de gües (unos mil doscientos metros cuadrados) que marca la frontera entre el Olivares que un día fue pueblo y el de las urbanizaciones. El nombre de la huerta rinde homenaje al bar de La Chucha, el único que existió en aquella aldea del oeste de Oviedo de la que «ya no queda casi nada», afirma este taxista jubilado, ahijado de un histórico socialista ovetense de idéntico nombre que estuvo condenado a muerte después de la Guerra Civil y trabó gran amistad con Ramón Rubial en el penal gaditano de Puerto de Santa María.

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