- Castigado por dos faltas graves
- Puesto de la Guardia Civil en un pueblo de Badajoz
- “Unas treinta detonaciones de pistola”
- El guardia, embriagado, reconoció que había estado “pegando unos tiros”
- Desde el vestuario contra un árbol
- Dio positivo
- Le retiraron la pistola
- El tribunal sí vio pruebas concluyentes
- Utilización “manifiestamente injustificada” de la pistola
- No le castigaron por embriaguez en acto de servicio
Castigado por dos faltas graves
El Tribunal Militar Central ha confirmado la decisión de la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y de la ministra de Defensa, Margarita Robles, de castigar a un guardia civil por dos faltas graves.
La directora general le impuso en 2022 una sanción de pérdida de destino como autor de una falta grave consistente en “la ostentación o utilización de armas sin causa justificada, así como su uso, en acto de servicio o fuera de él, infringiendo los principios y normas que regulan su empleo”, prevista en el apartado 23 del artículo 8 de la Ley Orgánica 12/2007, de 22 de octubre, de Régimen Disciplinario de la Guardia Civil.
También le castigó con la pérdida de cinco días de haberes con suspensión de funciones como autor de la falta grave de “la embriaguez o consumo de estupefacientes o sustancias toxicas o psicotrópicas fuera del servicio, cuando tales circunstancias tengan carácter habitual o afecten a la imagen de la Guardia Civil o de la función pública”, del artículo 8.26.
El guardia civil sancionado recurrió en alzada pero la ministra de Defensa desestimó el recurso. Llevó su caso ante el Tribunal Militar Central, pero este tribunal finalmente desestimó el recurso contencioso-disciplinario militar ordinario y confirmó las sanciones.
Puesto de la Guardia Civil en un pueblo de Badajoz
Los hechos declarados probados por el tribunal, a la vista del expediente disciplinario, sitúan el incidente la noche del 19 al 20 de febrero de 2022 en el acuartelamiento de la Guardia Civil en Villar de Rena, municipio de la provincia de Badajoz.
El Centro Operativo Complejo (COC) de la Guardia Civil en Badajoz recibió la llamada de un vecino de ese municipio de 1.323 habitantes. Relató que había oído disparos de arma de fuego procedentes de una ventana del acuartelamiento de la Guardia Civil de esta localidad.
La central de la Guardia Civil envió a Villar de Rena a varias patrullas. Llegaron hacia las diez y media de la noche, y un sargento abordó al vecino que había hecho la llamada, quien se encontraba en la terraza de un bar muy próximo al acuartelamiento.
“Unas treinta detonaciones de pistola”
El vecino relató de nuevo los hechos, relato que fue corroborado por otros dos vecinos. Detallaron que como una hora antes habían escuchado “unas treinta detonaciones de pistola” que provenían del interior del acuartelamiento.
Al mirar hacia el edificio de la Guardia Civil, vieron a una persona en la ventana. Después vieron que del cuartel salían los coches particulares de dos agentes, y uno de ellos estacionó delante de un bar del pueblo.
El sargento al que habían enviado para atender la llamada por los disparos se dirigió a ese otro bar y llamó al guardia civil que había entrado allí.
El guardia, embriagado, reconoció que había estado “pegando unos tiros”
Al salir, el agente mostraba “claros síntomas de encontrarse bajo los efectos de la ingesta alcohólica”. Le preguntaron por lo ocurrido y el guardia “reconoció que él y su compañero […] habían estado pegando unos tiros, diciendo que no tenía importancia”.
El guardia civil bajo los efectos del alcohol y los de las patrullas que habían mandado al pueblo fueron al cuartel para que el agente entregara el arma, que tenía guardada en su taquilla del vestuario.
Al acceder al acuartelamiento pudieron observar que junto a una ventana había casquillos de bala.
El guardia entregó el arma voluntariamente. Tuvo que volver a responder preguntas cuando se presentó un teniente, jefe accidental de la compañía, y el sargento que era comandante del puesto de Villar de Rena.
Desde el vestuario contra un árbol
También ellos vieron los casquillos y preguntaron al agente por lo ocurrido. La sentencia relata que el guardia civil “dijo que habían estado pegando unos tiros desde la ventana del vestuario masculino del acuartelamiento a un árbol próximo”.
Los responsables de la unidad pidieron por radio que se personase una patrulla de tráfico para realizar la prueba de ingesta alcohólica, y confirmar así los síntomas de embriaguez del guardia.
Acudió también el otro guardia civil que, según el agente embriagado, había estado con él “pegando unos tiros”. Negó haber participado en cualquier incidente con armas de fuego. Él también tuvo que entregar su pistola.
Dio positivo
La primera prueba de alcoholemia al primer agente arrojó una tasa de 1,08 miligramos [sic, serían gramos] de alcohol por litro de sangre. Pasadas las doce de la noche le tomaron muestras de residuos sólidos.
Cabe indicar que el Régimen Disciplinario de la Guardia Civil castiga como falta grave “la superación, al inicio o durante la prestación del servicio, de una tasa de alcohol en sangre superior a 0,3 gramos por litro o de alcohol en aire espirado superior a 0,15 miligramos por litro”.
La normativa de tráfico castiga a los conductores por encima de 0,5 gramos por litro de sangre o de 0,25 miligramos por litro en aire espirado.
Cuando le hicieron la prueba al guardia ya estaba fuera de servicio, pero los resultados muestran que superaba ampliamente los niveles que la Guardia Civil considera máximos para prestar servicio sobrio.
El otro agente también fue sometido a prueba de alcoholemia. Dio 0,51 miligramos de alcohol por litro de sangre a las 1:47, y 0,49 miligramos de alcohol por litro de sangre a las 2:04. De nuevo, positivo.
Le retiraron la pistola
A los dos les retiraron las pistolas Beretta de dotación en la Guardia Civil (el modelo anterior a la compra de pistolas israelíes Ramon). “Las dos armas quedaron a disposición de la policía judicial para su remisión al servicio de criminalística de la Guardia Civil para su estudio”.
Les acompañaron a sus domicilios, ya que no estaban en condiciones de conducir.
Dieron parte de los hechos el teniente y un capitán. Se incoó un expediente disciplinario en el seno de la Guardia Civil.
Aparte también abrió diligencias previas el Juzgado de primera instancia e instrucción número 2 de Villanueva de la Serena.
Al menos al guardia civil protagonista de esta sentencia le impusieron las sanciones disciplinarias ya indicadas.
El tribunal sí vio pruebas concluyentes
Cuando recurrió ante el Tribunal Militar Central alegó que no se habían adoptado todas las garantías exigidas legal y jurisprudencialmente para la práctica de las pruebas, y por eso reclamó que se anularan las resoluciones sancionadoras.
El tribunal no aceptó ese argumento: “Toda la prueba incorporada, atestado, informe fotográfico, balístico, pruebas de medición de alcohol en sangre, y manifestaciones de los testigos son concluyentes en acreditar el relato de hechos consignado […]. Toda la prueba incorporada se ha obtenido de forma legítima y se ha sometido a contradicción en el expediente sancionador”, dejó escrito en la sentencia.
Según el tribunal “la declaración espontánea del demandante, cuando fue preguntado por lo ocurrido al personarse los mandos de la Guardia Civil avisados por el COS, reconociendo haber disparado con su pistola, no hacen sino corroborar el relato de los hechos”.
Utilización “manifiestamente injustificada” de la pistola
Sobre los disparos, el Tribunal Militar Central establece que “en el presente caso, la utilización de las armas era manifiestamente injustificada”.
Además, “se incumplió toda la normativa que regula su utilización, ya que no respondió a ninguna necesidad de servicio y se realizó de forma totalmente gratuita e innecesaria […] [El agente] hizo uso de su arma de forma irresponsable e injustificada”.
No le castigaron por embriaguez en acto de servicio
Eso sí, lo que ni el expediente disciplinario ni la sentencia judicial llegan a establecer es un vínculo directo entre el consumo de alcohol y los disparos.
El Régimen Disciplinario de la Guardia Civil considera falta muy grave “prestar servicio en estado de embriaguez o bajo los efectos de estupefacientes o sustancias tóxicas o psicotrópicas o el consumo de los mismos durante el servicio”.
Pero el guardia civil no fue sancionado por ese tipo disciplinario. Cabe suponer que la autoridad disciplinaria no pudo demostrar que cuando el agente estuvo “pegando unos tiros” desde la ventana del vestuario del puesto de la Guardia Civil contra un árbol, lo hizo ya habiendo ingerido alcohol.
Por eso le sancionaron por el uso indebido del arma, por un lado, y por embriaguez fuera del servicio que afectó a la imagen de la Guardia Civil, por el otro.
El Tribunal Militar Central desestimó el recurso y confirmó la doble sanción: pérdida de destino y pérdida de cinco días de haberes.













