Madres que viven la Navidad entre elfos y calendarios de Adviento: «Es un esfuerzo, pero merece la pena por la cara de emoción de mi hija»

En casa de Yolanda González, en Barcelona, aparece un elfo el primer día de diciembre. Cada mañana, hasta llegar la Nochebuena, el duendecillo se presenta en un rincón distinto del hogar realizando alguna travesura: desenrollando papel higiénico, metido en una planta, comiendo cereales, subido a un columpio hecho a mano, colgado de una lámpara… Es Yolanda la que, cada noche, planea la aventura del día siguiente del pequeño peluche. Se trata de una carga mental (una más) que ella, sin embargo, afronta con toda la ilusión del mundo.

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