Los indicadores más aceptados sobre el envejecimiento, como la prolongación de la esperanza de vida, la incidencia de determinadas enfermedades o ciertos rasgos genéticos, podrían confundir o tergiversar modificaciones naturales y genuinas de las trayectorias del envejecimiento con efectos fisiológicos más simples, independientes de la edad. No es lo mismo detener algunas patologías que frenar el envejecimiento como proceso integral.
Un estudio realizado por investigadores del Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas invita a replantear algunas supuestas “verdades” inamovibles sobre el envejecimiento, sugiriendo que alargar la vida no implica necesariamente frenar el proceso biológico y natural del envejecimiento.
El trabajo científico, publicado en la revista Genomic Psychiatry, analiza cómo muchas intervenciones que aumentan la longevidad actúan sobre patologías concretas o provocan cambios de “línea de base” en biomarcadores, sin demostrar una reducción en la tasa de deterioro ligada a la edad.
Envejecimiento y rasgos biológicos: los dos tipos de efectos
De acuerdo a una nota de prensa, los científicos proponen una distinción metodológica hasta ahora no utilizada: efectos de tasa versus efectos de línea de base. Un efecto de tasa sería aquel que reduce la pendiente del declive fisiológico, ralentizando cuánto cambia un rasgo por año de vida. En tanto, un efecto de línea de base cambia el valor del rasgo de igual forma en personas jóvenes o de edad avanzada, mejorando la función sin alterar la velocidad del deterioro.
Según los autores, muchos tratamientos de “antienvejecimiento” aplican diseños que no permiten diferenciar entre ambos tipos de efecto. En general, se apunta a los efectos de tasa porque son más llamativos: debido a ellos, una persona puede decir, por ejemplo, que ha reducido en dos años el deterioro ligado al envejecimiento en sus marcadores cerebrales o neurológicos. Sin embargo, esto no significa que se haya logrado un avance concreto en esos factores, capaces de beneficiar a cualquier persona sin importar su edad. Solo se ha conseguido que el envejecimiento sea más lento.
Los investigadores aportan evidencias comparativas entre especies que iluminan por qué este matiz es crítico. En humanos, la principal causa de muerte en edades avanzadas son las enfermedades cardiovasculares; en ratones, el factor limitante suele ser el cáncer; en otras especies, patologías completamente distintas. Este patrón sugiere que intervenciones que eliminan un “cuello de botella” patológico pueden aumentar la supervivencia sin tocar los procesos sistémicos que gobiernan el envejecimiento en general.
Detener enfermedades o atrasar el reloj biológico
Otro aspecto crucial destacado por los científicos son los llamados “relojes biológicos”, como los basados en metilación del ADN. Estos modelos son útiles para clasificar y predecir, pero tienen una limitación clave: detectan rasgos asociados con la edad sin probar que esos rasgos causen el envejecimiento. El nuevo estudio destaca que muchos biomarcadores usados para validar intervenciones no han sido evaluados rigurosamente, con el propósito de distinguir si cambian la velocidad del envejecimiento o solo su punto de partida.
Referencia
Beyond the hallmarks of aging: Rethinking what aging is and how we measure it. Keshavarz M. et al. Genomic Psychiatry (2025). DOI:http://dx.doi.org/10.61373/gp025w.0119.
Frente a esto, los especialistas proponen incluir grupos de personas jóvenes junto con grupos de edad avanzada en los estudios y clasificar los efectos en función de la tasa y la línea de base, como se explicó previamente. De esta manera, se podrán detectar interacciones entre tratamiento y edad y apreciar cómo una intervención “modula” el envejecimiento.
En consecuencia, aunque por ejemplo los tratamientos que mejoran la memoria son positivos a cualquier edad, no deben confundirse con terapias que retrasan el reloj biológico. En definitiva, la conclusión del estudio sugiere que prolongar la vida al atacar las enfermedades que matan precozmente no equivale necesariamente a frenar el proceso que nos hace envejecer.















