El accidente de tren de Adamuz ha causado 45 víctimas mortales y un centenar de heridos. Una tragedia que se atribuye al deterioro y mal mantenimiento de las vías ferroviarias y por el que los afectados aún exigen justicia.
Antonio Méndez era uno de los pasajeros del tren Iryo que descarriló. Viajaba con sus amigos en el tren Iryo y recuerda aquel día como una pesadilla de la que se salvó de milagro.
Sobrevivir al accidente, según Antonio, también fue fruto de una serie de casualidades. «Estuvimos a punto de coger los asientos en el siguiente vagón, el primero en descarrilar«, nos cuenta.
En el momento del accidente, sus amigos y él pensaron en moverse a la cafetería, que no sabían si estaba al principio o al final. «Nos levantamos y tuve una revelación, dije que no íbamos y nos volvimos a sentar», recuerda Antonio.
Gracias a todo ello, Antonio y sus amigos lograron sumarse a la lista de supervivientes de la mayor tragedia ferroviaria de nuestros tiempos. Algo de lo que, confiesa, aún no ha conseguido hacerse a la idea.













