El incendio de 1751 que dio lugar a uno de los primeros trazados racionalistas de Huelva

La localidad onubense de Zalamea la Real vio en un gran incendio que asoló gran parte de su núcleo urbano en 1751 la oportunidad de reconstruirse de una forma más moderna. Así lo ha explicado el arquitecto Luis Alfonso, del estudio Alfuturo Arquitectura, quien ha desvelado que Zalamea cuenta con «uno de los primeros trazados racionales de la provincia, si no el primero».

Una oportunidad tras la catástrofe

El desastre, ocurrido varios años antes del terremoto de Lisboa, destruyó buena parte del casco urbano de traza medieval, caracterizado por calles desordenadas, irregulares y estrechas que facilitaron la propagación del fuego. Tras la destrucción, los responsables vieron la catástrofe como una oportunidad para aplicar los principios urbanísticos de la Ilustración que comenzaban a imponerse en el siglo XVIII.

En palabras del arquitecto, se aplicó la máxima de «no hay mal que por bien no venga«. Según Alfonso, estos eventos catastróficos suponen «una oportunidad muy rara en la ciudad«, la de poder «empezar de cero«, algo que no suele ocurrir en el urbanismo, donde no es posible demoler un barrio para volver a diseñarlo.

Una oportunidad muy rara en la ciudad para empezar de cero»

Luis Alfonso

Arquitecto

Un diseño a escuadra y cartabón

El arquitecto encargado del nuevo diseño fue Pedro de San Martín, quien dibujó un trazado en cuadrícula o a damero. Alfonso señala que, aunque no era una novedad en el urbanismo español, ya que muchas ciudades americanas como Ciudad de México o Buenos Aires se fundaron con este sistema, sí fue pionero en la provincia de Huelva.

El objetivo de este nuevo diseño racional era crear calles más anchas y rectas, perpendiculares y ortogonales, que dieran lugar a parcelas más fáciles de construir. Además, este enfoque facilitaba «la ventilación y la higiene«, y resultaba clave para «prevenir la extensión de futuros incendios«. A pesar de que el diseño se hizo «con una escuadra y un cartabón», el arquitecto cree que muchas de las previsiones no se cumplieron en su totalidad, aunque la zona reconstruida es claramente visible desde el aire por su rigurosidad.

La localidad onubense de Zalamea la Real esconde una curiosidad urbanística que pocos conocen: parte de su trazado moderno no es fruto de la casualidad, sino la consecuencia de una tragedia que la transformó para siempre. Un gran incendio en 1751, varias décadas antes del histórico terremoto de Lisboa, arrasó gran parte de su núcleo urbano de traza medieval, abriendo la puerta a una reconstrucción sin precedentes en la provincia.

Una catástrofe como oportunidad

El desastre destruyó un entramado de calles estrechas e irregulares que facilitó la rápida propagación de las llamas. Lejos de ser solo una desgracia, los responsables de la época vieron en la destrucción una ocasión para empezar de cero, tal y como explica el arquitecto Luis Alfonso, del estudio Alfuturo Arquitectura. «La catástrofe al final la vieron como una oportunidad para aplicar principios urbanísticos de la Ilustración que se estaban poniendo de moda en aquel momento», señala.

Este tipo de eventos son una oportunidad muy rara en la ciudad, que es la de empezar de cero»

Luis Alfonso

Arquitecto

Esta mentalidad, resumida en el dicho ‘no hay mal que por bien no venga‘, permitió abordar la reconstrucción con una visión ilustrada y racionalista.

Un plan racionalista en cuadrícula

El arquitecto Pedro de San Martín fue el encargado de proyectar la nueva Zalamea. Su propuesta se basó en un trazado en cuadrícula o a damero, un modelo que, si bien era innovador en la provincia, ya se había implementado con éxito en muchas ciudades de la América colonial española, como Buenos Aires o Ciudad de México.

El objetivo era claro: crear un urbanismo más lógico y funcional. El nuevo diseño buscaba «tener, por supuesto, calles más anchas, calles rectas, que fueran perpendiculares y ortogonales», señala el experto. Esta disposición no solo facilitaba la construcción de parcelas más regulares, sino que mejoraba la ventilación, la higiene y la prevención de futuros incendios.

Buscaba tener calles más anchas y rectas, que fueran perpendiculares y ortogonales»

Luis Alfonso

Arquitecto

Un legado visible desde el aire

Aunque el ambicioso plan de San Martín no se llegó a ejecutar en su totalidad, su huella sigue siendo perfectamente identificable. Tal y como apunta Luis Alfonso, al observar Zalamea desde el aire «se puede ver una zona que evidentemente está trazada con mucha más rigurosidad que la otra«. El arquitecto añade que «este tipo de eventos son una oportunidad muy rara en la ciudad, que es la de empezar de cero».

Esa dualidad urbanística es hoy el testimonio vivo de la historia de Zalamea la Real. Un pueblo que supo convertir un desastre en el motor de su propia modernización, dejando un legado que lo convierte en un caso de estudio dentro del urbanismo español del siglo XVIII.

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