Es una delicia marina, aunque poco común: el pez araña, cuyas espinas dejan dolorosos recuerdos a más de un bañista. Lo comimos por última vez en Foradada, y nos contaron de dónde venía: de la pescadería Pescados Miró, en Palma. Esta empresa tradicional suministra a restaurantes tan conocidos como el Marc Fosh, así como al grupo Cappuccino o al hotel Belmond La Residencia. Todos son clientes habituales y satisfechos de este negocio familiar, uno de los tres únicos que quedan en Palma si no se cuentan los puestos de los mercados.
Negocio familiar significa que Noelia Miró (49) compra el pescado en la lonja, el mercado mayorista, nada menos que a las 4:30 de la madrugada. “Eso quiere decir que soy responsable de la selección, para poder cumplir nuestra promesa de ofrecer solo el mejor producto”, explica. Su hermana Margarita (56) trabaja en la tienda, donde junto con los empleados limpia, corta y prepara el pescado para la venta. Su hijo Toni (29) se encarga de captar clientes, organizar la distribución, el marketing y la presencia en las redes sociales. Además, la madre de Noelia y Margarita, Francisca, abuela de Toni, sigue activa en el negocio. Se ocupa de la parte administrativa y es el alma de Pescados Miró, donde trabajó toda su vida junto a su marido José, incluso después de su fallecimiento hace dos años. Una vida de jubilada, confiesa discretamente Noelia, le resultaría demasiado aburrida a sus más de 80 años.
Del carro de burros al negocio moderno
Todo comenzó hace unos 100 años. El abuelo de Noelia y Margarita, Antonio Miró, tenía dos barcos, era pescador y transportaba el pescado en los años 20 y 30 del siglo pasado en su carro tirado por burros desde Felanitx, donde vivía, hasta Palma. Allí, su esposa Margarita tenía un puesto en el Mercat de s’Olivar. Su hijo José Miró amplió el negocio, y desde 1979 existe la pescadería cerca de la avenida Argentina.
Del derecho al pescado
La siguiente generación no estaba precisamente ansiosa por seguir los pasos de los padres: Noelia estudió Psicología, Margarita Administración de Empresas, y su hijo Toni, además de Administración, también Derecho. De hecho, trabajó tres años como abogado en un prestigioso bufete de Palma, hasta que hace dos años decidió dedicarse también al pescado. “Fue una suerte para nosotros, dice Noelia, porque es muy activo, hemos podido expandirnos mucho, ampliar nuestra clientela y ahora suministramos a restaurantes de alto nivel. Solo así es rentable, porque los clientes particulares representan apenas un diez por ciento de la facturación”. Aun así, no quieren renunciar a la tienda física.
“La gente sigue comiendo pescado, porque tiene pocas calorías y es saludable. Pero muchos ya no quieren prepararlo o no saben cómo hacerlo. Los jóvenes son demasiado cómodos para quitar las espinas. Si acaso, aún comen salmón”, explica Noelia. Por eso el pulpo está tan demandado: “No tiene espinas, es fácil de preparar, apenas genera desperdicio, se aprovecha casi todo… y eso encanta a nuestros clientes”. Lo mismo ocurre con las langostas, cada vez más solicitadas. En los restaurantes ya no solo se sirve la costosa caldereta de langosta, sino también langosta con patatas y huevos, un plato más asequible que ahora es todo un éxito, asegura Noelia Miró.
Langostas todo el año
Su pescadería es conocida precisamente por las langostas, que mantienen vivas en varios tanques y así pueden ofrecer durante todo el año. “Somos los únicos que lo hacemos”, afirma Noelia. Aunque en Pescadería Miró también venden productos de otras zonas de España y pescado congelado, el enfoque principal está en lo que ofrecen las aguas baleares. Noelia lo respalda con datos: “Del 1 de enero al 7 de octubre hemos vendido casi 32 toneladas de pescado y marisco mallorquín, todo pesca salvaje, y, como exige la normativa, adquirido exclusivamente en la lonja de OPMallorcamar. Así que somos el mayor proveedor de pescado local en Mallorca”.
Entre sus productos hay especies poco comunes, como el mencionado aranya, o el rafel, normalmente pescado accesorio ideal para caldos, pero excelente también a la plancha. No faltan el gran anfòs, el lluç o merluza, y actualmente están en temporada la llampuga, el moll vermell, la gallineta, el gerret femella, los calamares y el pulpo.
Se suele decir que los panaderos prefieren lo salado y los carniceros lo dulce, pero aquí es distinto: “Nos encanta comer pescado y marisco. Lo hacemos cada día si podemos, y no le decimos que no ni siquiera a una buena langosta”, asegura Noelia Miró.
Suscríbete para seguir leyendo













