Ebro no es solo un estandarte de la reindustrialización en Catalunya. Su peso va más allá ya que se ha convertido en protagonista (involuntaria) de los rifirrafes políticos en las relaciones comerciales entre Europa y China. El último episodio lo lanzó hace apenas dos semanas el vicepresidente de la Comisión Europea, Stéphane Séjourné, que señaló la planta barcelonesa como un ejemplo de lo que Europa no debía hacer en su relación con los chinos.
«El modelo que vemos en España a menudo no es un buen modelo, no da crecimiento a nuestras empresas en términos de producción», explicó. «La solución no pasa por mantener los aranceles, pero tampoco porque haya, por ejemplo, una fábrica a las afueras de Barcelona en la que se ensamble un coche con todos los componentes chinos: eso genera empleo de baja calidad y no supone ningún valor añadido a la industria europea», criticó el político refiriéndose claramente a la planta de Ebro. Nada más lejos de la realidad.
Estas afirmaciones no fueron bien acogidas por los representantes de la política española ni catalana. Es más, en una muestra de apoyo al proyecto de Ebro y a la colaboración con Chery, días atrás visitaron la planta el Conseller de Empresa i Treball, Miquel Sàmper, y el secretario de Estado de Industria del Gobierno central, Jordi García Brustenga. Allí recalcaron la importancia de la apuesta de Ebro a Rafael Ruiz, presidente de la compañía. Este puso de manifiesto que «el proyecto de reindustrialización para esta planta es un ejemplo para España y Europa de recuperación de empleo y actividad industrial». Y añadió: «Nuestra hoja de ruta incluye el aumento de la localización de la actividad de producción en nuestra fábrica y convertirnos como marca española, en un referente en movilidad sostenible».
Apoyo institucional
Desde el Gobierno también han salido al paso de las desafortunadas declaraciones de Séjourné. Para el secretario de Estado, el proyecto de Ebro es «un ejemplo de modelo de éxito que genera impacto con alto valor innovador, atracción de talento, creación de empleo y refuerzo de la cadena de valor local; y causa un importante efecto de arraigo y son la punta de lanza para futuras nuevas inversiones».
Una respuesta similar a la ofrecida por la Generalitat a través del conseller de Treball: «El Govern de Catalunya mantiene un estrecho vínculo de colaboración con la relación formada por Chery y Ebro en la Zona Franca para promover una política industrial orientada a sectores estratégicos, como el de la automoción y el avance hacia la descarbonización. Acompañamos sus planes de presente en la planta de Ebro y también de futuro, como el centro de I+D de Chery en Cornellà de Llobregat, y la apuesta por generar talento y contribuir a la generación de puestos de trabajo de calidad».
El apoyo institucional es clave en este proyecto de Ebro. Tras el no de Great Wall Motors en una primera etapa tras el cierre de Nissan, la Generalitat se puso a trabajar en otras opciones tangibles, y la creación de D-Hub acabó siendo la mejor solución. Con el empuje de BTech (EV Motors) y el cambio de accionariado al asumir el 40% de QEV Technologies, se logró la llegada y el acuerdo con Chery Group. Un salvavidas industrial que desde la empresa española ha sabido aprovechar.
Colaboración esencial
La colaboración entre Chery y Ebro es esencial para el desarrollo del futuro de la compañía. La modalidad de trabajo de la empresa china lleva años funcionando en más de 20 países de todo el mundo, donde ha generado empleo y productividad. La idea de la Comisión Europea es clara en defensa de los intereses de Europa, pero conociendo el ejemplo de Ebro y la situación económica y política actual está claro que se precisan apoyos adicionales para hacer frente a una competencia creciente.
La absurdez normativa comunitaria en Europa es la que ha llevado a este tipo de pensamiento, cuando en realidad, asociaciones como la de Chery con Ebro no hacen más que fortalecer el impulso industrial y económico. Caer en el proteccionismo implica desmantelar la industria en Europa en lugar de apoyarla. Los aranceles impuestos a China desdibujan apuestas como las de Ebro, amparándose en una lógica poco coherente.
Es cierto que los fabricantes chinos están inundando el mercado, primer lo hicieron con el factor precio y baja calidad, pero ahora ni son tan baratos ni son tan malos. Todo lo contrario. Modelos como los de BYD, Zeekr, Leapmotor, Omoda, Jaecoo y su derivada española Ebro demuestran que la tecnología y el avance industrial son las claves de su éxito. Trabajando con precios ajustados y sin mermar la calidad del producto. Es por eso que, desde muchos estamentos, abogan por una racionalización de las relaciones con China al ser considerados como socios necesarios y potentes.
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