Hace días se viralizó en TikTok un vídeo que -de forma esperpéntica- planteaba la tesis siguiente: cada vez que una mujer tiene relaciones sexuales con un hombre, parte del ADN de cada hombre se queda dentro de la mujer. De esta teoría inclasificable se desprendían, según el tipo, dos cuestiones a cada cual más desbarrada y misógina; una de ellas que “cada mujer con la que te acuestas tiene parte de tu ADN” y la segunda que “las mujeres se van ensuciando cada vez que tienen relaciones sexuales”, algo que -según él- no les pasa a los hombres.
Quienes lean este episodio y no lo conozcan de antemano es posible que piensen que es algo que provoca hilaridad y que nadie con dos dedos de frente puede tomar en serio; sin embargo, más allá de la carga ideológica que hay detrás y que comentaremos más adelante, me interesa señalar que no es un episodio aislado, no es una anécdota. El pensamiento y mensajes misóginos contemporáneos se estructuran estratégicamente en varias capas de profundidad que van dirigidas a públicos distintos, pero todas ellas confluyen para reforzar unas determinadas ideas y valores de ultraderecha. En este sentido, el episodio relatado se dirige mayoritariamente a hombres ya convencidos -aunque también a algunas mujeres pertenecientes a nuevas corrientes reaccionarias- que compren acríticamente cualquier argumento que avale sus puntos de vista. Son mensajes que ya suelen estar presentes regularmente en su algoritmo en redes sociales.
Casualmente, en el mismo espacio y tiempo podemos encontrar otros vídeos pretendidamente pseudocientíficos que, utilizando lenguaje técnico -por ejemplo “estudios de doble ciego”, “grupo de control”… y otros conceptos pertenecientes a la jerga científica-, entornos “amables” y aparentando ser políticamente neutros, nos relatan -obviamente, sin referencia ninguna- investigaciones en las que presumiblemente se ha demostrado que “se ha encontrado en el cerebro de las mujeres ADN de los hombres con los que han tenido relaciones sexuales”. Casualmente ahora; en este momento histórico en el que estamos en peligro de retroceso de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y en el que los discursos crecientes van dirigidos a intentar devolvernos a los roles tradicionales. Estos vídeos -supuestamente neutros- aportan las condiciones necesarias, el sustrato para reforzar un discurso misógino que se intenta justificar más allá de lo ideológico. Así, tenemos otra “capa” dirigida a aquellas personas no convencidas de los valores misóginos pero receptivas a discursos pretendidamente científicos, entendiéndolos como algo incuestionable y no sometido a los vaivenes políticos; sin embargo, no toman en consideración que, por un lado, todo lo que lleva la palabra ciencia no lo es y, por otro, que la ciencia -si fuese el caso-, no es ideológicamente neutra. A veces para bien y otras para mal pero siempre se produce en un contexto histórico, político y social y responde a una priorización y decisión detrás. Aun así, en el mundo de la inmediatez de las redes sociales puede funcionar como gancho esta supuesta objetividad. Creo incluso que en la era de la hiperracionalidad, en la época en que las religiones están denostadas, especialmente en el mundo occidental, parece que tanto las pseuodociencias como las tecnologías pueden ser las nuevas religiones. Así, todas aquellas tesis biologicistas que pretendan devolver a las mujeres al mismo lugar y consecuencias que las llevaba la “manzana de Eva” pueden tener el mismo efecto que tuvo en su momento argumentar el papel de las mujeres en el mundo a través de la gran mayoría de las religiones.
Las dos situaciones planteadas son solo dos ejemplos que, en capas y formas distintas, vuelven al mensaje originario de la suciedad de la mujer asociada al sexo, al concepto moral de la promiscuidad referido solo a las mujeres y al valor de la virginidad en las mujeres, siempre. Es importante poder “unir los puntos” para entender que no son hechos aislados; cada acción que nos escandalice por caricaturesca, nos parezca simplemente curiosa o nos aborrezca nos suele llevar a una determinada mirada sobre el mundo y la estructura social que, ¡oh casualidad! cuestiona la libertad sexual de las mujeres.
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