El ocaso del sol en el Pirineo se acompañará los próximos días de sones cubanos. El domingo 24, el embalse de la Sotonera alojará el piano flotante de Edgar Olivero para quien quiera acercarse a las orilla del Club Náutico (19.00 horas). El segundo escenario será el Ibón de los Baños (20.00 horas), en el Balneario de Panticosa, un marco excepcional para empaparse de música y naturaleza el martes 26.
La iniciativa promovida por Le Piano du Lac desde 2014, propone esta peculiar manera de interpretar música sobre láminas de agua y adaptar los conciertos a entornos inverosímiles. Este año, el Piano Flotante incluye el espectáculo Caribe Flotante, en colaboración con la asociación cultural femenina asturiana La Xata. Desde el 6 de julio y hasta el 26 de septiembre recorre distintas provincias españolas con sus 14 conciertos.
La propuesta sienta al piano a Edgar Olivero que tiene la compañía de la capitana del barco, Mónica Cofiño, bailarina y coreógrafa encargada de toda la puesta en escena de Caribe Flotante. “Mónica es muy curiosa para todo, es una artista de los pies a la cabeza y en el agua me mueve y me lleva para sitios, todo lo piensa con amor y en arte”, opina con admiración el pianista cubano.
Edgar Olivero es el pianista de Caribe Flotante / Equipo La Xata
Una nueva experiencia para el pianista
Edgar Olivero es un músico polifacético con raíces cubanas y afincado en Asturias desde hace tiempo. Ha colaborado con artistas como Sole Giménez, Juan Valderrama o compuesto para cantantes como Rosario Flores. Su estilo fusiona música caribeña con jazz, composiciones propias con clásicos reconocidos por todo el público. Este año ha sido su primera vez a bordo del piano flotante: “Había oído hablar de ese piano flotante y me acuerdo que cuando lo oí por primera vez dije que vaya locura, ¡quién me iba a decir a mí que iba a ser yo el loco!”.
Olivero reconoce que cuesta la adaptación al medio, pero que “una vez que entiendes cómo va y te acostumbras al movimiento, te acostumbras a la oscilación cuando hay oleaje, te acostumbras al piecito en el agua” la experiencia es sumamente satisfactoria porque “compensa toda esa magia que se crea con la sensación de estar flotando y te acostumbras rápido a eso también”. Para el músico, el piano sobre el agua “es el escenario más bonito que se puede tener en estos ríos, en estos lagos, es una pasada poder hacer música desde ahí”.
Música en la naturaleza
Caribe Flotante surgió en un momento perfecto para el interprete, “en este momento de mi vida necesitaba más contacto con la naturaleza” y cree que esa conexión se consigue en especial cuando toca sus temas propios: “La parte que más me conecta con el entorno es la parte personal de las composiciones mías porque son la parte clásica”. Estas piezas sirven de transición para el viaje musical y de “gozadera” que proponen al público y que les traslada a México, República Dominicana y, cómo no, a Cuba. Pasean por letras conocidas que los espectadores pueden acompañar, ya sea ‘Lágrimas negras’ o ‘Quizás, quizás, quizás’, y se relajan en los interludios. Porque, según Olivero, “la música viaja a la velocidad de la luz porque la música es divertida y todos queremos divertirnos, reír y bailar y sentir”, por eso y aunque no conoce la zona del Pirineo en la que va a actuar piensa que la gente que llene las orillas va a ir “a ver qué me ofrecen, se van a dejar llevar, y yo creo que no se esperan que van a sentir ganas de bailar”, y es que no lo es lo habitual cuando se asiste a un concierto de piano, previsiblemente más calmado.
«Cuando se termina la última nota, yo no sé qué pasa, que en ese justo momento, siempre el sol desaparece»
“La gente se va con una sonrisa de oreja a oreja, y eso es lo que a nosotros nos gusta, lo que pasa con estas propuestas”, se alegra Olivero que está convencido de que la música caribeña es óptima para disfrutar de un atardecer y, curiosamente, “cuando se termina la última nota, yo no sé qué pasa, que en ese justo momento, siempre el sol desaparece”. Por azar o planificación este final redondo es el que tiene preparado el Caribe Flotante en sus actuaciones, “ojalá que en algún momento se convierta en una especie de piano en el agua de cantautor, realmente me llama la atención cómo la gente está aceptando mi parte personal”, desea Edgar Olivero que pone sus esfuerzos ya en ver cómo mejor el espectáculo.
De momento, en Aragón se va a poder disfrutar de él en estos dos conciertos a los que se podrá acudir con la adquisición de entrada a un precio de 12 euros, disponibles en taquilla una hora antes de los conciertos o en la web de Le Piano du Lac. Y para quienes no lleguen a estos conciertos, todavía podrán asistir en Cangas de Onís (Asturias), el 10 de septiembre, y el 26 de septiembre en Montijo (Extremadura). En cualquiera de los casos, se aconseja al público asistente llevar su propia silla o elementos para sentarse cómodamente y, por si lloviese, se recomienda asistir preparado. Lo normal es un espacio abierto y natural.











