las motos se meten en las cuevas marinas

Sin balizas, la costa de Xàbia es la pura anarquía. Las embarcaciones y las motos de agua van por libre. Las primeras echan el ancla a pocos metros de los acantilados y sobre las praderas de posidonia oceánica. Y las motos se meten en lugares prohibidos, en los «freu», arrecifes («esculls») y en las cuevas marinas. Balizar las grutas litorales fue clave en anteriores veranos para preservar estos frágiles entornos. Se evitaba que las lanchas y las motos se colocaran en la Cova dels Òrguens, en la basa del Cap de la Nau, y en la Cova del Llop Marí, entre la Granadella y Ambolo. Pero ahora, por mucho que en las marinas, en los clubes náuticos y en los puntos de alquiler de motos se advierta de que está prohibido entrar en las grutas, numerosos turistas hacen oídos sordos y, en el mar, al no encontrar balizas, se meten allí donde les parece.

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