El 52 % de Europa acumuló episodios de estrés térmico muy fuerte durante una temporada 2026 marcada por olas de calor y sequía. En tanto, España registró su verano más cálido en al menos 150 años, con 61 días de ola de calor entre junio y septiembre.
El verano de 2026 ha dejado una marca excepcional en los registros climáticos europeos. Entre junio y agosto, Europa occidental vivió el verano más cálido desde que existen registros comparables, mientras que el conjunto del continente cerró la estación como el tercero más cálido de la serie de Copernicus.
El episodio no se limitó a temperaturas medias extraordinarias: olas de calor persistentes, sequía, caudales fluviales excepcionalmente bajos y un estrés térmico sin precedentes dibujaron un verano extremo que, además, se prolongó mucho más allá de los meses centrales.
Un panorama extraordinario
Los datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) muestran hasta qué punto el calor se concentró en el oeste europeo. La temperatura media registrada entre junio y agosto alcanzó los 21,69 ºC en la región occidental analizada, 2,54 ºC por encima de la media del período 1991-2020.
El dato supera el anterior récord, establecido en 2003, año que hasta ahora destacaba por una de las olas de calor más severas de las últimas décadas. La diferencia es que aquel episodio apareció como un gran valor excepcional, mientras que 2026 llega después de una sucesión de veranos anormalmente cálidos. Desde 2015, todos los veranos han estado por encima de la media en Europa occidental.
A escala continental, el panorama también fue extraordinario, aunque con importantes contrastes regionales. La temperatura media de las tierras europeas durante el verano fue 1,17 ºC superior a la referencia 1991-2020, lo que sitúa a 2026 en tercera posición, por detrás de 2024 y 2022. Francia, el norte y este de España y otras zonas de Europa occidental y central registraron algunas de las mayores anomalías, de entre cuatro y cinco grados sobre la media en determinadas áreas.
Estrés térmico sin precedentes
Uno de los indicadores más reveladores no fue el termómetro convencional, sino el estrés térmico. Al terminar el verano, un récord del 52 % del territorio europeo había experimentado condiciones de estrés térmico «muy fuerte», según el índice térmico universal utilizado por Copernicus.
Esa cifra es acumulada: significa que ese porcentaje de la superficie europea sufrió en algún momento valores equivalentes a una temperatura de sensación de al menos 38 ºC, y no que más de la mitad del continente soportara simultáneamente esas condiciones.
La excepcionalidad de 2026 también estuvo en su duración. El calor comenzó a hacerse notar de forma anómala ya en mayo y siguió dejando récords diarios de temperatura en septiembre. Copernicus destaca así una temporada cálida que desbordó el calendario tradicional del verano, con episodios extremos encadenados durante varios meses. En Europa occidental, algunos lugares llegaron a acumular hasta 75 días con estrés térmico «muy fuerte».
El verano de 2026 fue el más cálido registrado en Europa occidental y el más caluroso de España en al menos 150 años. / Crédito: Roxy Aln en Unsplash.
El caso de España
España fue uno de los territorios más afectados. Según Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el verano de 2026 fue el más cálido en España en al menos un siglo y medio, con 61 días de ola de calor entre el 20 de junio y el 7 de septiembre. Del Campo apunta además que las condiciones propias del pleno verano comenzaron a mediados de mayo y se prolongaron durante buena parte de septiembre, hasta el punto de que el periodo cálido puede describirse como un verano de cuatro meses o incluso cuatro meses y medio, según detalló a Science Media Centre.
El calor extremo llegó acompañado de falta de agua. La combinación de altas temperaturas, elevada evaporación y escasez de precipitaciones favoreció condiciones de sequía, redujo la humedad del suelo y llevó los caudales de numerosos ríos europeos a niveles excepcionalmente bajos.
El impacto fue más allá del medio ambiente: afectó al transporte fluvial, redujo rendimientos agrícolas, aumentó el riesgo de grandes incendios y llegó a limitar la capacidad de refrigeración de algunas centrales nucleares, mientras crecía la demanda eléctrica por el uso del aire acondicionado.
Un fenómeno con impactos cada vez más amplios
Para los expertos consultados por Science Media Centre, la sucesión y simultaneidad de estos extremos constituye una señal clara de la transformación del clima europeo. Xavier Rodó, investigador de ICREA y responsable del programa de Clima y Salud de ISGlobal, considera que los extremos térmicos e hidrológicos observados en la Península Ibérica no tienen precedentes en el registro observacional.
Ernesto Rodríguez Camino, presidente de la Asociación Meteorológica Española, subraya además que el cambio climático está aumentando la probabilidad y la intensidad de episodios extremos como las olas de calor, al tiempo que amplifica sus efectos cuando coinciden con sequías.
El verano de 2026 deja algo más que un nuevo récord climático. La principal señal es que el calor extremo se extiende en el tiempo, afecta a superficies cada vez mayores y se combina con otros riesgos. Se trata de un termómetro especialmente elocuente de un clima que ya no solo registra temperaturas más altas, sino episodios extremos más persistentes y con consecuencias cada vez más amplias.















