No hay partido vacunado contra la corrupción, se ha dicho en numerosas ocasiones, siempre hay un resquicio por el que algún sinvergüenza se pueda colar y beneficiarse de su posición. Ahí está el ramillete de cargos que ha desfilado por los juzgados y que forman parte de esa vertiente objetiva de la corrupción junto al dinero público perdido, las actuaciones administrativas mal hechas o los años de prisión dictados; pero junto a estas, la corrupción tiene una parte subjetiva, más dañina a medio y largo plazo, en la percepción de la ciudadanía y su confianza (o desconfianza) en las instituciones que, sin embargo, sí tiene remedio.
Es una de las conclusiones extraídas en ‘The effectiveness of anti-corruption reforms in a region of Europe: the role of social empowerment’ (‘La eficacia de las reformas anticorrupción en una región de Europa: el papel del empoderamiento social’), un estudio académico elaborado por Manuel Villoria, Jesús Palomo y Luis Ramos, investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos I de Madrid, y publicado en la revista sobre sociología International Public Management Journal (IPMJ) y que para ello pone de ejemplo a la Comunitat Valenciana, «un caso casi único», según considera el primero.
El estudio analiza la evolución de la percepción de la ciudadanía sobre la corrupción y la confianza de esta en las instituciones como garantes del buen gobierno. Así, comparando la situación que se vivía en 2009 y la de 2022, tanto en el propio territorio autonómico como en su contraposición con el global en España, la investigación señala: «La política de prevención de la corrupción iniciada en Valencia en 2015 constituye un buen ejemplo de un cambio de política radical e integral vinculado a una coyuntura crítica».
Para sostener dicha afirmación, los investigadores compararon el nivel confianza de la ciudadanía en el «gobierno regional» de la Comunitat Valenciana, esto es, en el Consell, con el resto de Ejecutivos autonómicos de toda España tanto en 2009 como en 2022 así como la percepción de corrupción en estos mismos años y diferenciando la población valenciana del total de la española. Y los resultados obtenidos muestran que mientras la confianza en la Generalitat Valenciana estaba en negativo y por debajo de la media estatal en 2009 pasaba a positivo y por encima de España en 2022, un patrón que se repetía con la percepción de corrupción: estaba más alta en la Comunitat Valenciana en 2009 que en España, pero se invirtió en 2022.
Los datos que toman los académicos se basan en sendos estudios demoscópicos recogidos en 2009 por parte del CIS y en 2022 en un trabajo conjunto de la Universidad de Murcia, la de Lisboa, la Agencia Valenciana Antifrau y la Fundaçao para a Ciència e a Tecnologia. Con ello, el trasvase de números evidencia que en 2009 la percepción de corrupción en la Comunitat Valenciana era de 0.019 y en el resto de España, excluyendo los datos valencianos, en -0.005. En 2022, la percepción de corrupción en la Comunitat Valenciana es de -0.033 y en el resto de España de 0.008. Pasa igual con la confianza en las instituciones regionales: de -0.071 en 2009 en tierras valencianas a 0.075 en 2022 mientras en España se pasa de 0.017 a -0.018.
Detención por parte de la UCO de la Guardia Civil en València a José María Corbín, cuñado de la fallecida exalcaldesa de València Rita Barberá, en 2019. / Juan Carlos Cárdenas/EFE
Entre medias, el informe destaca el impulso de medidas específicas a partir de 2015 como la creación de la Agencia Antifraude, una conselleria específica de Transparencia, un canal de denuncia que blinda el anonimato y la protección del denunciante o un Código de Buen Gobierno, todo ello en un periodo muy corto de tiempo, en apenas dos años, «un big ban», en palabras de Villoria, investigador principal, que permitieron que hubiera un cambio repentino que sí tuvo efectos al aplicar de golpe una gran parte de las recomendaciones dadas por organismos especializados. «Hay en territorios donde se dan muchos cambios legales y luego no cambia nada, en València sí, y es un caso casi único», explica.
¿Las medidas son extrapolables?
Según detalla Villoria, cuando en un lugar se tiene la percepción de mucha corrupción, es difícil de revertir porque el propio ciudadano tiende a acabar siendo corrupto, sin embargo, esto en la Comunitat Valenciana cambió porque se logró lo que la investigación llama «empoderamiento social». «El empoderamiento social tiene el potencial de generar un círculo virtuoso: a medida que aumenta la demanda de integridad, mejora la eficacia de los sistemas de control, lo que conduce a una mayor confianza institucional y a una reducción de la percepción de la corrupción», indica el texto. «Hay una mayor capacidad de denuncia», complementa Villoria.
Ante ello, la publicación firmada por los tres académicos indica: «Resulta razonable sugerir que la represión de la corrupción desempeña también un papel fundamental en el fomento de la confianza institucional y, posiblemente, del empoderamiento social, sobre todo teniendo en cuenta que un número considerable de los casos investigados son iniciados por la sociedad civil». De hecho, junto a las encuestas de confianza en las instituciones, el estudio agrega como evidencias el descenso de procedimientos penales por corrupción según datos del Consejo General del Poder Judicial, de 22 en 2009 a 4 en 2022 en la Comunitat Valenciana, y la bajada de noticias vinculadas con corruptelas.
Frente a ello, no osbtante, los académicos matizan que es preciso «actuar con cautela» a la hora de si estas circunstancias y medidas que se impulsaron en un periodo en la Comunitat Valenciana pueden exportarse a otros territorios. «Los estudios sobre complejidad nos indican que cada sistema es único y posee sus propios puntos de apalancamiento para lograr el cambio; lo que funciona en un entorno puede no constituir un punto de apalancamiento en otro. No obstante, creemos que las conclusiones del estudio son útiles y que, con el enfoque adecuado, pueden contribuir a abordar la corrupción en situaciones análogas», sentencia el texto que da una base para el antídoto contra la corrupción y su veneno de la desconfianza ciudadana.
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