Vientos de la guerra en Europa: Londres clama por el abandono

En Reino Unido se ha abierto una disputa política y militar sobre la capacidad del país para afrontar una confrontación más amplia con Rusia. El debate coincide con una fase de la guerra en Ucrania en la que ambos bandos concentran parte de sus ataques en infraestructura económica y logística.

Ucrania ha ampliado sus ataques contra refinerías e instalaciones energéticas dentro de Rusia con el objetivo declarado de reducir los ingresos que sostienen el esfuerzo militar ruso. Moscú, por su parte, ha incrementado sus ataques contra instalaciones industriales, centros logísticos y redes de suministro ucranianas.

La líder conservadora de la oposición, Kemi Badenoch, acusó al primer ministro Andy Burnham de retrasar decisiones sobre defensa frente a la presión rusa. La disputa se centra en la negativa de Burnham a reducir partidas sociales para elevar el gasto militar al 3% del producto interno bruto antes de 2030, una meta que los conservadores quieren financiar mediante cambios en prestaciones de vivienda y límites a ayudas infantiles.

Badenoch sostuvo que el gobierno actúa como si Reino Unido siguiera en una etapa de estabilidad y comparó su política con las medidas adoptadas por Francia y Polonia. También afirmó que la negativa a recortar gasto social para aumentar el presupuesto militar envía una señal que, a su juicio, Moscú interpreta como falta de determinación.

Varios antiguos mandos militares británicos también cuestionaron el nivel de preparación. El almirante Lord West, exjefe de la Marina Real, afirmó que años de financiación insuficiente han dejado a las fuerzas armadas en una situación frágil. Añadió que Occidente ya mantiene con Rusia una confrontación en la llamada “zona gris”, con ciberataques, amenazas contra cables submarinos y vuelos de drones cerca de fronteras e instalaciones sensibles.

El general Sir Nick Parker, antiguo comandante de las fuerzas terrestres británicas, acusó al gobierno de no exponer al público toda la gravedad de los riesgos. Lord Dannatt, exjefe del Estado Mayor, reclamó un marco presupuestario que eleve el gasto de defensa al 3,5% del producto interno bruto antes de 2035.

El gobierno británico ha comenzado a revisar su planificación civil y militar para una crisis mayor. Funcionarios confirmaron trabajos para reescribir el denominado “libro de guerra”, el documento clasificado que regula la actuación de los ministerios durante una emergencia o una confrontación general.

También está previsto para el próximo año un ejercicio amplio de defensa civil y una campaña pública sobre preparación ante emergencias. La preocupación aumentó después de conocerse unos 340 incidentes relacionados con drones cerca de instalaciones del ministerio de Defensa durante el último año.

En el frente oriental, Ucrania ha mantenido una campaña contra la infraestructura energética rusa. Durante la última semana lanzó una oleada de drones contra objetivos situados en territorio ruso. Las autoridades rusas afirmaron que sus defensas interceptaron más de 1.600 aeronaves no tripuladas en todo el país y que unas 450 se dirigieron contra Moscú y sus alrededores.

Los ataques causaron daños e incendios en edificios residenciales, obligaron a evacuar a cientos de personas y dejaron al menos dos muertos, de acuerdo con las autoridades rusas citadas en el texto. Uno de los objetivos principales fue una instalación dentro de la refinería de Moscú, que ya había sido atacada con anterioridad por fuerzas ucranianas.

Kiev ha dirigido durante los últimos meses una campaña contra la industria rusa del petróleo y sus derivados, una fuente central de ingresos para el Estado ruso. El texto sostiene que los ataques ucranianos han reducido una parte importante de la capacidad nacional de refinación.

También señala que varias regiones rusas afrontan interrupciones en el suministro de combustible, escasez de productos petrolíferos, aumentos de precios y largas filas en estaciones de servicio. Para las autoridades ucranianas, golpear la infraestructura energética busca elevar el costo económico de la guerra para Rusia.

Rusia ha respondido con una campaña de ataques contra la infraestructura económica y comercial de Ucrania. El presidente ucraniano Volodímir Zelenski acusó a Moscú de intentar destruir la economía del país para debilitar su capacidad de resistencia.

Las fuerzas rusas han utilizado misiles balísticos y drones de propulsión a reacción contra centros logísticos, almacenes de cadenas minoristas, empresas farmacéuticas, compañías de transporte y centros de distribución. Empresarios ucranianos citados en el texto calculan que unos 2,1 millones de metros cuadrados de almacenes modernos han sido destruidos desde el inicio de la guerra, con unos 900.000 metros cuadrados perdidos en los últimos meses.

La destrucción de centros de distribución ha afectado las cadenas de suministro y, de acuerdo con el texto, provocó escasez de algunos alimentos y productos de consumo en supermercados de Kiev. Algunas tiendas colocaron carteles junto a estantes vacíos para indicar que los productos habían sido destruidos por ataques rusos.

Los ataques también alcanzaron la industria siderúrgica. Tres grandes plantas que todavía operaban en las regiones de Zaporiyia y Dnipropetrovsk quedaron fuera de servicio tras ataques con misiles balísticos. Entre ellas figura una instalación en Kryvyi Rih, ciudad natal de Zelenski.

Esas plantas representaban cerca del 90% de la producción nacional de acero y empleaban a más de 15.000 trabajadores, según los datos incluidos en el texto. Metinvest, empresa que opera parte de esas instalaciones, indicó que aún no sabe cuándo será posible reparar los daños ni si todas las plantas podrán volver a funcionar.

El daño a fábricas, almacenes y transporte ha agravado la presión sobre las finanzas públicas ucranianas. El primer ministro estimó en unos $1 500 000 000 la pérdida de ingresos fiscales asociada a la destrucción de infraestructura y empresas, mientras el déficit anual se sitúa en torno a $27 000 000 000.

El texto también atribuye a la presión rusa en el mar Negro una pérdida equivalente a cerca del 1,5% del producto interno bruto ucraniano. Los ataques contra puertos marítimos y fluviales han reducido la capacidad de exportación agrícola y, según las estimaciones citadas, solo alrededor del 40% de la producción habitual puede salir actualmente del país.

Las empresas agrícolas afrontan además problemas de almacenamiento y falta de trabajadores. Parte del trigo se conserva en grandes sacos a campo abierto ante las restricciones de las rutas marítimas y terrestres.

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