Los Pinares de Venecia son el principal pulmón verde de la capital aragonesa. Con 330 hectáreas, es casi tres veces más extenso que el parque de Zaragoza, que es el Parque del Agua (120 hectáreas), aunque hay una diferencia sustancial: uno es una zona natural en la que el ser humano no interviene ni en su cuidado ni crecimiento y el otro es un jardín urbano que se riega, se poda y se cuida (aunque puede que no lo suficiente según han denunciado asociaciones como Legado Expo). Eso sí, una cosa tienen en común y es que en origen, ambos parajes nacieron debido a la intervención humana, ya que donde ahora hay pinos en el pasado hubo estepa.
Y es que los Pinares de Venecia tienen su origen en una plantación popular que buscaba crear un bosque allí donde solo había áridos barrancos y canteras de yeso. Cuando comenzó ese proceso de reforestación de los montes al sur de la ciudad hace ahora un siglo, no era la primera vez que se hablaba de esto en la ciudad. Ya antes, en el siglo XIX, constan discusiones tendentes precisamente a cubrir con vegetación las secas colinas que rodean Zaragoza.
El pino es precisamente una especie idónea para crecer en zonas áridas y en terrenos duros cuyas condiciones no soportan otros ejemplares. De ahí que la idea saliera adelante y haya llegado hasta nuestros días aunque con alguna cicatriz con respecto a su origen: la primera gran tala se realizó cuando se construyó el parque de atracciones y la segunda cuando se abrió el tercer cinturón.
En el ADN
En este paraje natural que abraza el cementerio de torrero se han construido también equipamientos deportivos, como el campo de rugby, un velódromo y una pista de patinaje. Sin embargo, no ha sido hasta ahora cuando, un siglo después de que comenzara a enraizar, ha nacido una agrupación para exigir su protección frente a un nuevo proyecto: la ampliación del Parque de Atracciones de Zaragoza.
Desde que saltó la polémica, el Gobierno municipal ha insistido en que va a ser el primero realizar inversiones en el mantenimiento de esta zona verde, pero la realidad pasa primero por acometer una serie de viales y conexiones en la red de abastecimiento de agua que, según los ecologistas, causarán afecciones «irreversibles» en un ecosistema débil de por sí por su envejecimiento.
Sin embargo, más allá de su estado de conservación y de los proyectos que le afecten, los Pinares de Venecia son una parte indisoluble ya del ADN de Zaragoza. Su nombre proviene del gusto de la burguesía de los años 20 por los paseos por el Canal Imperial a bordo de barcas de estilo veneciano. De ahí también Parque Venecia y Puerto Venecia.
Desde entonces, este enclave ha sido el lugar de reposo de los zaragozanos, un sitio para salir a hacer deporte y desconectar pero también para huir de las miradas del resto de vecinos. Los Pinares de Venecia son ya el Bosque de los Zaragozanos que existe, y es que fueron los propios zaragozanos los que, hace un siglo, le dieron forma y vida.
Desde la plataforma Salvemos los Pinares de Venecia piden Declarar los pinares declarar el paraje como arboleda singular y restringir el tráfico en el pinar. Desde el Gobierno del PP insisten en que serán el primero en llevar a cabo un plan de actuación en esta inmensa zona verde. Pero mientras tanto los pinos siguen cumpliendo años. Ya van camino de los 101.
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