El acto de inauguración ha comenzado con música a todo volumen y la activación de unos focos destellantes. Sobre el escenario, todo cubierto por una alfombra roja, una pantalla gigante mostraba los logos de la Universitat Politècnica de València y la Universidad de Beihang. Sensación, un poco, de juegos olímpicos, porque, de fondo de la pantalla, como si ondeara, el grafista había colocado una bandera española. No había cinta roja porque las instalaciones ya han comenzado a usarse y el campus a llenarse de vida pero, si la hubiera, habría sido oficialmente cortada. Queda inaugurado el campus de la Universitat Politècnica de València en Hangzhou, China, el primer campus universitario español en suelo chino.
Y lo hace no con uno, sino con dos actos de inauguración de una solemnidad a la que la universidad en general está bastante acostumbrada, pero en su versión asiática. La arquitectura institucional con la que se ha montado, en tiempo récord, el campus en Beihang, no es para menos. La universidad de Beihang es originalmente de Pekín, y su sede en Hangzhou es nueva. Dentro de ella, varias escuelas son internacionales: una de ellas es la Beihang Valencia Polytechnic Institute, y este es el campus desarrollado en colaboración con la UPV. Otras dos son escuelas pertenecientes a dos universidades francesas. Por eso, las tres han protagonizado este viernes por la mañana un primer acto de inauguración conjunta.
Ceremonia de inauguración del campus de la UPV en China / BVPI
Dos ceremonias para una inauguración
En esta primera ocasión, aún más aroma olímpico, porque se ha celebrado dentro de un enorme polideportivo, casi un estadio que, como todo en las instalaciones de la UPV, aún huele a nuevo. En él, sillas para los 400 alumnos del BVPI, pero también para los de las otras universidades extranjeras en suelo chino, para el profesorado y las delegaciones. Camisetas a juego, polos con logos y banderas chinas y de los países de procedencia del alumnado. Como en una competición deportiva pero, en este caso, con todos a una.

Ceremonia de inauguración del BVPI / BVPI
Pero la BVPI ha tenido también un momento propio de celebración. A pocos metros del polideportivo está el auditorio que es, como todo en el campus, desproporcionadamente grande. Hasta él se ha trasladado la delegación valenciana y en él se han reunido todos los alumnos, profesores y resto de invitados. Música, luces y acción. El acto solemne en China tiene sus propias normas: es una sucesión de saludos al auditorio de cada una de las autoridades presentes -con una inclinación- y de discursos con el tiempo tasado e idéntica duración, apenas unos dos minutos por orador.
Eso si, han intervenido todos los posibles representantes de la comunidad universitaria y las admnistraciones. Para empezar, el Gobierno chino, a través del mensaje grabado y reproducido en la pantalla gigante del auditorio de un representante del Ministerio de Educación. En segundo lugar, la consellera de Educación, Carmen Ortí, que ha hablado de cómo el nuevo campus representa “una forma de entender el mundo abierta colaborativa” y se ha mostrado “convencida de que talento crece cuando somos capaces de conectarlo, acerca territorios y cultura y convierte la ciencia y la innovación en espacios de encuentro”. “China y la Comunitat Valenciana están hoy más cerca gracias a iniciativas como esta”, ha dicho, y ha concluido: “los mejores puentes entre países no son entre instituciones, sino entre personas”.
«Chaquetas fuera, mangas arriba»
Todo, hasta ese momento, muy en el tono solemne y contenido de las ceremonias chinas hasta que ha subido al escenario el vicerrector de Internacionalización y Comunicación de la UPV, José Montserrat, que se ha quitado la chaqueta del traje y la ha dejado sobre el atril. Tenía una explicación, ha dicho: “Durante la última hora hemos tenido discursos, protocolo y chaquetas muy elegantes. Todo ello necesario. Pero también soy profesor de ingeniería, y los ingenieros sabemos una cosa: nunca se ha construido nada con una chaqueta puesta”, ha explicado. “Las ceremonias inauguran. Las mangas construyen, y este campus se ha construido con las mangas remangadas”, ha destacado el vicerrector. “Vuestros profesores no se interpondrán entre vosotros y los problemas difíciles. Estaremos a vuestro lado: así, con las mangas remangadas. Esa es mi promesa como docente, y mi promesa como vicerrector”, ha añadido en su discurso. “Así que: Beihang, Valencia, estudiantes del BVPI: chaquetas fuera. Mangas arriba”, ha zanjado.

El vicerrector de la UPV, José Montserrat / BVPI
Mucho más formal ha sido el discurso del cónsul español en Shangái, Francisco de Asís Benítez, que ha destacado la importancia de una iniciativa “que nace de la voluntad compartida de dos instituciones de referencia y que abre una nueva etapa en la cooperación universitaria entre España y China. “No inauguramos únicamente un nuevo curso académico, sino también una nueva forma de cooperación universitaria”, ha subrayado.
Alumnos, empresarios y un robot
Turno también para los estudiantes. Por parte del alumnado chino, Chenyu Ming ha hablado, como en casi todos los discursos institucionales, de la combinación entre “la histórica Liangzhou”, civilización originaria de Hangzhou, y la “innovación y vitalidad” del la ciudad. “A través de mares y montañas, nuestras fuerzas se unen”, ha dicho. Samuel Gil, por su parte, ha hablado en nombre del Consejo de Alumnos de la UPV, que ha celebrado la voluntad de “ir más allá” y ha reconocido que escribir un discurso para una ceremonia así no ha sido sencillo. “Significa enfrentarse a una nueva cultura y una forma diferente de entender la vida de la que estamos acostumbrados a tener en España”.

Llegada de las autoridades a la inauguración / BVPI
Pero no podía faltar la industria, porque para facilitar precisamente la transferencia es para lo que se ha creado este campus. Así que, antes del cierre por parte de los rectores, han hablado también Zhou Lizhong, presidente de la Federación de Empresarios Chinos de València, y un vicepresidente de la empresa de robótica Unitree. Ha sido uno de los pocos que ha roto el protocolo de los minutos tasados. O no, si se tiene en cuenta que el exceso de tiempo que ha empleado no ha sido en discursos, sino con la aparición sorpresiva de un robot humanoide, ataviado, como los alumnos, con una camiseta blanca con el lema ‘I love BVPI‘. Mientras su «jefe» humano le miraba respetuosamente desde el atril, en silencio, el robot ha bailado música tradicional china, hip hop y ha hecho algunos movimientos de kung fú. Después, sin solución de continuidad, un discurso de un vicerrector de la Beihang University.
Capilla: «Seréis una generación de estudiantes que haréis de puente entre culturas»
El cierre lo ha hecho el rector Capilla. Por parte de la UPV, José E. Capilla, que ha considerado que este campus compartido es «un salto cualtittivo hacia delante, que significa la presencia permanente de la UPV en China». Eso sí, ha recordado que este espacio, a pesar de la distancia a València, «sigue siendo la UPV». «Nuestra universidad existe donde sea que esten nuestros alumnos, profesores y donde quiera que desarrollemos nuestros proyectos»,ha dicho.

El rector de la UPV, José Capilla, en el acto de inauguración del campus de la UPV en China / BVPI
Capilla se ha dirigido a los alumnos. «Quisiera agradeceros la confianza que habéis depositado en nosotros; vais a estudiar aeronáutica, IA y otras áreas cruciales para el desarrollo futuro de nuestras sociedades, pero también seréis una generacion estudiantes que actuan de puente entre culturas», ha dicho. Y ha terminado citando a Confucio: «¿No es una alegría tener amigos que vienen de lejos?». «Más de 2000 años después estas palabras retienen su sentido completo aquí», ha dicho.
No ha habido, en realidad, cinta que cortar, pero sí una docena de pequeños atriles con un botón rojo encima. En China no se corta la cinta. se llama a todas las autoridades al escenario para que, tras una cuenta atrás proyectada sobre una pantalla gigante, pulsen, todos a una, el botón inaugural.
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