La semana pasada una docena de países occidentales liderados por Reino Unido anunciaron de forma coordinada sanciones contra los asentamientos de Israel en los territorios ocupados. El mes pasado tres países musulmanes encabezados por Turquía sellaron un acuerdo de defensa colectiva. Y este miércoles la Unión Europea aceptó formalmente el cortejo de Canadá para convertirse potencialmente en el primer “miembro asociado” del club comunitario. Lo llamativo de estas tres iniciativas es que ninguna incluye a las grandes potencias mundiales. Ni Estados Unidos ni China. Tampoco se ha coordinado con ellas. Sus impulsores son lo que se conoce como potencias medias, países de distintas latitudes con un considerable músculo diplomático, económico y a veces militar. En el momento actual de ruptura del orden internacional, su protagonismo no deja de aumentar,
Mark Carney no inventó la nueva dinámica, pero sí se convirtió a principios de este año en su profeta más elocuente. En su célebre discurso en Davos, el primer ministro canadiense llamó a las potencias medias a trabajar juntas para mantener su influencia en el nuevo mundo y no ser devoradas por la rivalidad entre las grandes potencias, cada vez más proclives a utilizar la coerción o la fuerza para avanzar sus intereses. Habló de tejer coaliciones y una “densa red de conexiones en materia de comercio, inversión y cultura” porque, según dijo entonces, «o estás en la mesa o estás en el menú». Una idea a la que volvió este jueves en el Parlamento Europeo, con la nueva relación privilegiada que persigue con la UE como trasfondo. La idea —dijo— no es crear un tercer bloque para rivalizar con los grandes o dominar a otros países, sino generar la suficiente «resiliencia para que nadie pueda controlar nuestros mercados abiertos», «menoscabar nuestra soberanía» o «socavar nuestras libertades».
Estrategia de supervivencia
Y ese paradigma es en gran medida aplicable a la estrategia que están siguiendo otras potencias medias. Muchas consideran que Washington ha dejado de ser un aliado fiable, más una fuente de caos que de estabilidad, mientras que Pekín sigue generando recelos por diversos motivos, por más que Xi Jinping repita que China nunca buscará la hegemonía mundial. Eso ha hecho que cada vez más países traten de mantener una relación constructiva con ambos polos, pero al mismo tiempo traten de intensificar sus alianzas con terceros países o cooperar en ámbitos de interés común. La Coalición de Voluntarios para Ucrania es un ejemplo. También la creciente cooperación en el Indo-Pacífico entre India, Japón, Australia y Canadá en cadenas de suministros, energía o minerales críticos. O la iniciativa coordinada entre España, Irlanda, Noruega y Eslovenia para reconocer al Estado palestino en 2024.
«De momento la cooperación entre potencias medias es más una estrategia de supervivencia que una estrategia para ejercer de contrapeso frente a los grandes”, sostiene Ramón Pacheco, profesor de Relaciones Internacionales en el King’s College londinense. Ninguna de ellas puede competir con EEUU y China en términos militares o económicos. Ni siquiera la UE, a la que Pacheco define como un club de potencias medias. «Pero si colaboran entre ellas podrían influenciar el comportamiento de las grandes potencias o al menos crear su propia agenda, ya sea frente a la regulación tecnológica o para tratar de preservar las reglas del comercio».
Nodos de conexión
El protagonismo de los pesos medios es muy evidente en la mediación de conflictos, un ámbito dominado históricamente por europeos y norteamericanos. En Gaza, Libia, Ucrania o Irán son países como Turquía, Qatar, Arabia Saudí o Pakistán los que han ejercido de intermediarios. «Tienden a lograr un alto el fuego o soluciones parciales más que a resolver las causas subyacentes, y son menos proclives a incorporar elementos de justicia o transiciones democráticas», escribe el European Council on Foreign Relations. Pero ”su estilo no ideológico en la resolución en la resolución de conflictos» encaja mejor con «el contexto más pragmático y fluido de los conflictos actuales».
Si bien sería apresurado decir que el mundo está dejando atrás la dinámica de bloques o de esferas de influencia, parece avanzar hacia otro más multipolar con una creciente estructura en redes o nodos de conexión. A veces articuladas en torno a unos mismos valores, pero cada vez más en torno a intereses compartidos. Sean comerciales, de seguridad o en materia de infraestructuras. Una forma de hacer grande lo pequeño y sobrevivir al apetito de los depredadores.
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