«Quienes están construyendo la inteligencia artificial creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que acabe la década». Con esta extravagante advertencia, el ingeniero Jacob Coxon anunció el miércoles que dimitía de su cargo en Anthropic, acusando a esta prominente compañía y a su principal rival, OpenAI, de actuar de forma irresponsable. Aunque su caracterización de una hipotética IA a la Terminator ha sido rechazada por muchos expertos en el campo, la clase política de Estados Unidos se ha puesto las manos a la cabeza.
Poco después de que el mensaje de Coxon —respaldado por su ex jefe— se viralizase, legisladores tanto republicanos como demócratas intensificaron sus llamadas a adoptar nuevas medidas legislativas que regulen el despliegue de modelos de IA generativa para evitar posibles impactos sociales nocivos. La amenaza existencial de la que habla el investigador puede ser la gota que colma un vaso lleno de otras preocupaciones ciudadanas como el impacto sociolaboral de la IA o por la huella medioambiental de los centros de datos, tan compartidas que están cosiendo la polarización social y logrando un consenso bipartidista.
La acumulación de advertencias sobre las malas prácticas de las compañías implicadas en esta frenética carrera comercial pesa cada vez más en Washington, históricamente poco abierto a adoptar normas que puedan limitar las ambiciones de Silicon Valley, la meca de la industria tecnológica estadounidense. Hasta un 81% de los ciudadanos considera que el gobierno federal, presidido por Donald Trump, no está haciendo los suficiente para poner coto a la IA, según una reciente encuesta de NBC News.
Elecciones de medio mandato
Sin embargo, el creciente escepticismo ciudadano con la IA y sus responsables es de tal magnitud que ya se ha convertido en un factor crucial para las elecciones legislativas (midterms) que el próximo noviembre reconfigurarán la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y los puestos de gobernador en 34 de los 50 estados del país. Una derrota conservadora debilitaría al presidente y obstaculizaría su agenda durante la segunda mitad de su mandato.
Ante esa posibilidad, y mientras Trump recurre al soborno para atraer a los votantes, los demócratas empiecen a pensar en el mañana. Un grupo de congresistas ha confirmado a POLITICO que están sentando las bases para crear una comisión especial sobre IA en caso que recuperen el control de la Cámara de Representantes. De formarse, ese organismo podría presionar e investigar a la industria tecnológica. Su creación empezó a valorarse después que un grupo de agentes de IA de OpenAI se coordinase para lanzar de forma autónoma un ciberataque contra otra empresa, Hugging Face.
Quién ya está tomando cartas en el asunto es Bernie Sanders, que la próxima semana organizará un encuentro entre legisladores e investigadores del campo como el científico Geoffrey Hinton, conocido como «el padrino de la IA», según adelantó Axios. «El Congreso necesita debates SERIOS sobre esta cuestión», ha remarcado el senador independiente por el estado de Vermont, que recientemente pidió pausar el desarrollo de la IA hasta que se establezca un mecanismo de control. Otros expertos han criticado que Sanders ha abrazado la creencia de que la IA supone un riesgo existencial para la civilización. Hinton reiteró hace pocos días que «hay entre un 10% y 20% de posibilidades de que pueda provocar la extinción de la humanidad«.
Suscríbete para seguir leyendo












