Irán presentó las capacidades mejoradas del misil balístico Qassem Basir como parte de una doctrina que contempla actuar contra amenazas antes de que estas se materialicen.
El jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohsen Rezaei, afirmó que una nueva capacidad misilística había sido probada contra un buque de guerra estadounidense. No quedó claro si esa prueba correspondió específicamente al Qassem Basir, un misil de combustible sólido.
Estados Unidos informó el sábado que misiles balísticos fueron lanzados contra sus buques de guerra y que respondió atacando tres petroleros iraníes. Los barcos estadounidenses lograron evadir los ataques.
El Qassem Basir fue presentado por Irán como un punto de inflexión en su estrategia de defensa. Las autoridades lo describen como un sistema con mayor alcance y precisión y con una ojiva de media tonelada. Cuando fue mostrado el año pasado se indicó que podía alcanzar al menos 1.200 kilómetros.

El programa iraní de misiles balísticos fue una de las razones expuestas por Estados Unidos e Israel para atacar Irán a comienzos de este año. Washington y Jerusalén también buscaban reducir la amenaza del programa nuclear iraní y crear condiciones para debilitar al régimen.
En paralelo, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, pidió a Irán que permita nuevamente el acceso a instalaciones nucleares clave. El organismo no ha podido ingresar a varios de esos sitios desde los ataques israelíes y estadounidenses de junio de 2025.
Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania prepararon una resolución para remitir el caso iraní al Consejo de Seguridad de la ONU por incumplimientos relacionados con sus obligaciones de información nuclear.
Antes de los ataques de junio de 2025, el OIEA calculaba que Irán poseía aproximadamente 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60 %, una concentración cercana al nivel necesario para fabricar un arma nuclear y muy superior al límite del 3,67 % establecido por el acuerdo de 2015.


Parte de ese material habría quedado enterrado tras los ataques. Israel considera que Irán pudo trasladar una porción al sitio conocido como Pickaxe Mountain, que no fue atacado ni en aquella campaña ni en la guerra actual.
Las tensiones también aumentaron alrededor del estrecho de Ormuz. Rezaei anunció planes para establecer una “zona de exclusión” destinada a controlar el tránsito de embarcaciones, mientras la Casa Blanca sostuvo que la vía permanece abierta y bajo control estadounidense.
Estados Unidos afirmó que su Marina despejó minas en el estrecho y que aumentaría el tránsito de petroleros hacia puertos no iraníes. Al mismo tiempo mantiene un bloqueo sobre puertos iraníes para limitar las exportaciones de petróleo de Teherán.
La empresa Kpler registró una fuerte caída del tránsito por el estrecho durante la última semana. Una semana antes, un ataque contra un petrolero de propiedad saudita dejó dos tripulantes muertos y siete desaparecidos.


Los países del Golfo expresaron nuevamente su rechazo a cualquier intento de controlar unilateralmente la ruta marítima. Anwar Gargash, asesor diplomático del presidente de Emiratos Árabes Unidos, afirmó que ningún Estado debe dominar el estrecho y que las exportaciones energéticas y el comercio regional no pueden quedar sujetos a esa disputa.
Emiratos Árabes Unidos, aliado cercano de Estados Unidos, ha recibido ataques iraníes con misiles y drones durante la guerra y suspendió el mes pasado todo el comercio con Irán después de denunciar nuevos ataques.
Nabil Fahmy, secretario general de la Liga Árabe, rechazó que los corredores marítimos regionales sean utilizados como instrumento de presión y condenó los ataques iraníes contra países del Golfo.
Irán también advirtió a Corea del Sur contra cualquier despliegue militar o participación en operaciones estadounidenses en el estrecho de Ormuz. Seúl había indicado que estudiaba posibles contribuciones a los esfuerzos de seguridad de Estados Unidos en la zona, aunque todavía no había tomado una decisión.










