El fútbol, tantas veces incomprensible, mató al Elche con un exceso de locura que los franjiverdes no supieron controlar cuando mejor lo tenían, tras convertir una aparente goleada en una posible remontada. Del 0-3 ante la Real se pasó al 2-2. Y cuando todo el mundo veía el 3-2, llegó el 2-3. Baile de números similar al de sensaciones tras un partido franjiverde con demasiadas oscilaciones…
Y la idea que propone el estilo del proyecto de Martín Anselmi necesita más calma. Más juego, también. Futbolistas que todavía no están, quizás. O que están en parte. El caso es que el Elche pasó por todas las fases anímicas posibles. De la ilusión inicial a la decepción tras encajar, demasiado pronto, el primer gol. De ahí al hundimiento tras el segundo. Luego llegó el abatimiento, antes de que el VAR anulara la sentencia visitante y diera alas a los franjiverdes, extasiados otra vez con dos goles en poco tiempo que arreglaron el desaguisado anterior.
Lo que ocurre es que, en esta ocasión, en el minuto 89, apostando por la victoria y completar la remontada, Sucic dio la estocada en el peor momento. Porque nadie imaginaba ya una derrota. El 2-2 parecía seguro, pero el Elche no lo amarró. Y el 3-2 era más que posible, viendo los acercamientos con peligro de Chust, Osorio y Cepeda, mal ejecutados.
Endeblez defensiva del Elche
Anselmi decidió no presentar caras nuevas ante la Real de inicio. Y a los diez minutos, primer mazazo. Casi sin querer, por detrás en el marcador. Sobró con que Carlos Soler metiera a la olla un balón suelto en la frontal tras un córner para que la zaga franjiverde quedara semidesnuda. Todos salieron al unísono, sin caer en que estaban demasiado hundidos y habilitando a Ochieng.
El keniano no perdonó. Fusiló a Dituro, literalmente. Un disparo a 107 km/h a diez metros de distancia. Imposible que el argentino ni siquiera la viera pasar. Directamente oyó el impacto en la red, el grito de celebración de su rival… y el silencio de la grada. Una afición que pedía fiesta por el medio siglo de vida de su estadio y que se vio camino del tanatorio, sin nada que celebrar. La preocupación se disparó, especialmente porque tras el 0-1, cualquier tipo de orden, algo fundamental en este estilo de juego, abandonó la cabeza de los futbolistas franjiverdes.
El Elche se pasó varios minutos deambulando por el césped del Martínez Valero. Dejando espacios gigantescos para las carreras de Guedes, Oyarzabal y Ochieng. Respirando cada vez que las malas decisiones vascas alejaban el peligro del área de Dituro. Hasta que el equipo se centró, de la mano de la calidad de Buonanotte y Gonzalo Villar. La presión de Anselmi empezó a ejercer sus frutos. Y cuando los mejores minutos del Elche amenazaban a la Real con el posible empate, llegó la desgracia. Concatenación de errores infantiles de los dos más veteranos. Cosas del fútbol. Dituro y Bigas, doble KO.
En una de sus incontables acciones de control a través de la posesión, el cancerbero pasó al capitán. Este no controló al esférico, que le quedó a Ochieng, omnipresente, hambriento y atento a cada fallo. El africano se escoró y el Martínez Valero pareció respirar. Pasó atrás, a Yangel Herrera, que disparó, aparentemente sin demasiado peligro. Centrado, en dirección a Dituro. El meta no midió bien su reacción y la pelota le superó por abajo. Su error conllevó la aparición de pitos desde la grada, que luego se mezclaron con aplausos. División de opiniones.
Lo que nadie dudaba, ni los que aplaudían ni los que silbaban, es que Dituro no está bien. Ni la defensa, peor sin Affengruber. Esto puede que tenga solución con los refuerzos de última hora, especialmente Lomónaco. Aquello pinta peor. Si Dituro no reacciona, todo queda en un Iturbe que en más de un año como franjiverde todavía no ha disputado ni un minuto oficial. Urge sanar mentalmente al portero, al que no es posible que la edad se le haya echado encima entre mayo y agosto.
Del 0-3 al 2-2… y mazazo final
Lo peor parecía llegar con el 0-3, justo otra vez cuando el Elche amagaba con reaccionar tras la salida de Osorio y Lemar. Sucic se coló entre Bigas y Chust para, aparentemente, sentenciar el duelo y dejar colistas a los ilicitanos. Hasta que el VAR avisó al colegiado por una mano de Jon Martín en el inicio de la jugada y la situación dio un vuelco pocas veces visto: roja para el realista al entender que cortaba una acción prometedora de Fer Niño.
El Elche, entonces, fue con todo. Puso energía y fútbol. Y tuvo acierto. Lemar dio su primer latigazo para recortar distancias, tras recibir entre líneas, orientarse a su pie derecho, teóricamente el peor, y sacar un buen disparo. Y Fer Niño lo igualó, en boca de gol, tras un centro desde la izquierda devuelto al corazón del área pequeña por Tete Morente. Quedaban más de veinte minutos. La locura amenazaba con ser bendita, pero acabó siendo ruinosa: Ochieng, otra vez, rescató un balón, se lo dio a Sucic y este corrió hacia Dituro, sin que Bigas se animara a entrarle, hasta que su remate, que tocó en Josan, superó al argentino y devolvió al estado de decepción a los franjiverdes.
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