María tiene 79 años. Vive sola en el piso de Valencia donde crio a sus dos hijos y al que dedicó casi treinta años de hipoteca. Hoy la vivienda está completamente pagada y vale mucho más que cuando la compró. Sin embargo, su realidad cotidiana es otra: su pensión le vale para cubrir lo básico, pero se queda muy ajustada para afrontar una cuidadora unas horas al día, adaptar el baño o para viajar de vez en cuando y visitar a sus nietos.
Como muchos jubilados, María tiene patrimonio, pero poca liquidez. Ese es precisamente el escenario para el que nació la hipoteca inversa, un producto con aún mucho recorrido en España que permite convertir parte del valor de una vivienda en ingresos sin necesidad de venderla ni abandonar el domicilio. Una fórmula que empieza a ganar protagonismo en un país donde la riqueza está, sobre todo, en el ladrillo.
Un patrimonio inmóvil
Durante décadas, comprar una vivienda fue la principal forma de ahorrar de las familias españolas. Mes a mes, cuota tras cuota, millones de personas llegaron a la jubilación con un inmueble libre de cargas. Hoy, ese patrimonio representa la mayor parte de la riqueza de muchos mayores. Según los datos manejados por Santander Mapfre Hipoteca Inversa*, el 75 % del ahorro de los españoles está concentrado en bienes inmuebles y el 85 % de los mayores de 65 años posee una vivienda totalmente pagada. Sin embargo, el 75 % depende exclusivamente de su pensión y un 37 % reconoce que llega con dificultades a fin de mes. La paradoja es evidente: se dispone de un patrimonio importante, pero no siempre del dinero necesario para disfrutar de una jubilación más cómoda o afrontar gastos imprevistos.
Volvamos al caso de María. Su vivienda está valorada en 420.000 euros. No quiere venderla porque desea seguir viviendo allí y, además, le gustaría que sus hijos tuvieran la posibilidad de quedarse con la vivienda. Lo que necesita no es hacer caja de golpe, sino disponer de un ingreso mensual que complemente su pensión. Con una hipoteca inversa, una entidad financiera toma como garantía la vivienda y comienza a entregarle una cantidad periódica de dinero. Es el funcionamiento exactamente opuesto al de una hipoteca tradicional.
Si cuando compró la casa era ella quien devolvía cada mes un préstamo al banco, ahora sucede lo contrario: es la entidad quien le va abonando una renta periódica mientras la deuda va aumentando poco a poco con las entregas de dinero y los intereses. María sigue siendo propietaria de la vivienda y puede residir en ella hasta el final de su vida. No tiene que devolver el préstamo ni sus intereses mientras viva. Cuando fallezca, serán sus herederos quienes decidan qué hacer: devolver la deuda y conservar la vivienda, venderla para cancelarla o buscar otra fórmula de financiación. Para tomar esa decisión disponen de un plazo de nueve meses y, según explica la entidad, durante ese periodo la deuda no genera intereses. Además, reciben apoyo tanto si optan por vender el inmueble como si prefieren mantenerlo en la familia.
Las preguntas que conviene hacerse
Los expertos coinciden en que la hipoteca inversa no es un producto para cualquiera. La normativa establece que los titulares deben ser propietarios de la vivienda y tener al menos 65 años, aunque Santander Mapfre* considera que suele resultar especialmente adecuada a partir de los 75. La vivienda debe ser la residencia habitual, estar libre de cargas, tener un valor superior a 150.000 euros y encontrarse en una zona con un mercado inmobiliario dinámico y estable. Cada operación, además, se estudia de forma individual.
Pero quizá la recomendación más importante no tiene que ver con los números.
Y aunque la ley no obliga a implicar a los herederos, la entidad financiera y la aseguradora consideran que deberían conocer la operación desde el primer momento e incluso participar en el asesoramiento independiente previo a la contratación. De hecho, en numerosas ocasiones son los propios hijos quienes buscan información porque desean que sus padres dispongan de más recursos sin tener que abandonar su vivienda.
Esa transparencia evita malentendidos futuros y facilita que toda la familia comprenda cómo afectará la operación a la futura herencia.
Un asesor independiente antes de decidir
Otra de las garantías del producto es que la contratación exige un asesoramiento independiente. Ese profesional analiza si la hipoteca inversa es adecuada para el cliente, explica sus implicaciones y emite un informe que posteriormente recibe el notario junto con el resto de la documentación.
Para los especialistas, esta fase resulta esencial porque una hipoteca inversa no debe contratarse únicamente para aumentar los ingresos, sino después de valorar la situación familiar, el patrimonio, las necesidades futuras y las alternativas existentes.
Una decisión patrimonial
Cada vez vivimos más años y eso obliga a replantear cómo utilizar el patrimonio acumulado durante toda una vida. La vivienda ha dejado de ser únicamente un legado para convertirse, en algunos casos, en un recurso capaz de financiar una jubilación más larga y con mayor calidad de vida. La hipoteca inversa no es una solución universal ni sustituye a una buena planificación financiera. Pero para personas como María puede representar algo más que un ingreso mensual: la posibilidad de seguir viviendo en la casa de siempre con mayor tranquilidad económica, sin renunciar a la propiedad y dejando que la familia decida más adelante cuál será el futuro de ese patrimonio.
*Producto contratado con Santander Mapfre Hipoteca Inversa E.F.C., S.A. N.I.F A09641549 y comercializado por Banco Santander, S.A. y Mapfre España, Compañía de Seguros y Reaseguros, S.A. Financiación sujeta a la previa aprobación de la entidad prestamista.
Para obtener información sobre el producto, sus condiciones y las obligaciones para el cliente y sus herederos, puede consultar en la página web www.santandermapfrehipotecainversa.es o en la red de oficinas de Banco Santander y de Mapfre. El solicitante tiene derecho a recibir asesoramiento independiente.















