El patrimonio de los hogares españoles crece con fuerza, a un ritmo que los posiciona entre las economías domésticas que más crecen a nivel global. La cifra alcanzó los 11 billones de dólares (9,45 millones de euros) en 2025, colocándose junto con Polonia, Irlanda y Suecia a la cabeza de la lista de países cuyos hogares construyen riqueza con mayor celeridad. Así se desprende del informe «Desequilibrio y divergencia: El balance global de 2026», elaborado por el McKinsey Global Institute.
El documento analiza en profundidad la salud de la economía a nivel global, y una de las conclusiones generales es que el balance general mundial, que recoge todos los activos, pasivos y riqueza, alcanzó casi 1,8 cuatrillones de dólares, o lo que es lo mismo, 1.800 billones en 2025, frente a los 1,7 cuatrillones del año anterior. Entrando de lleno en la situación de España, McKinsey calcula que el patrimonio neto por habitante creció un 6% en términos nominales.
Atendiendo a las cifras correspondientes a las familias, el informe destaca que su patrimonio a nivel global ascendió hasta los 570 billones de dólares (490 billones de euros), lo que supone haber cuadriplicado la cifra desde el año 2000. Más de la mitad del aumento, el 58%, correspondió a la revalorización de activos que las familias ya tenían a causa de la inflación. Desglosado por países, los hogares de EEUU acumulan un 30% de la riqueza global, mientras que China y la UE acumulan un 13 y un 14%, respectivamente.
La riqueza de los hogares
Según los cálculos de McKinsey, Polonia, Irlanda España y Suecia crecieron todas a doble dígito. Otros países de la Eurozona, entre ellos Austria, Francia, Alemania, Italia y Portugal, registraron un ligero aumento de la riqueza en términos de dólares, pero un descenso en términos de tipo de cambio constante, debido a la caída del dólar frente al euro entre 2024 y 2025.
Al mismo tiempo, el documento de McKinsey señala que la zona euro se encamina hacia un escenario de estancamiento económico secular, condicionado por un crecimiento de la productividad prácticamente muy bajo, el freno del consumo y un elevado nivel de ahorro personal en los hogares, que alcanzó el 15,1% en 2025. Entre los mayores obstáculos al crecimiento europeo, la consultora señala el déficit de inversión privada respecto a Estados Unidos. La brecha se calcula en unos 700.000 millones de dólares anuales (601.000 millones de euros), lo que equivale a 3 puntos porcentuales del PIB europeo.
El informe también incide en la responsabilidad fiscal de los países. Según el recuento total, la deuda pública de España se mantuvo por encima del 100% del PIB a lo largo de 2025, al igual que la de países como Japón, Italia, Estados Unidos, Francia, Canadá, Bélgica y el Reino Unido, entre otros. Por su parte, China registró el mayor aumento en los ratios de deuda pública respecto al PIB, con nueve puntos porcentuales, lo que supone una continuación del fuerte repunte observado en los últimos años.
El peso de la deuda
En otro orden, la deuda de los hogares respecto al PIB ha ido disminuyendo durante todo el siglo XXI. McKinsey apunta que la mayor parte de naciones están por debajo de los niveles registrados en el año 2000, con Irlanda como caso paradigmático con más de 40 puntos porcentuales por debajo de la cifra que exhibía entonces. En el extremo superior, la deuda de los hogares en Australia y Canadá se mantiene por encima del 100% del PIB, aunque sigue estando por debajo de su máximo histórico. La cifra de China es la más elevada en comparación con su media desde el año 2000.
Por último, el documento analiza también el distanciamiento entre los mercados financieros y la economía real en 2025. Este fenómeno, acrecentado en los últimos años, se debe según la consultora a la relación entre EEUU y China. En el caso estadounidense, la bolsa alcanzó niveles récord; la valoración bursátil de las empresas cotizadas se situó en 2,4 veces el valor de sus activos netos y 3,7 veces el PIB del país. Más del 50% de la expansión del S&P 500 entre 2021 y 2025 se debió al desempeño de las ‘Siete Magníficas’.
Por otro lado, la economía china atraviesa un periodo turbulento, debido principalmente a la devaluación de los precios de sus inmuebles. El Gobierno chino ha decidido impulsar el gasto público y la inversión a través de empresas estatales. Esta estrategia ha desembocado en elevar la deuda de las empresas no financieras hasta el 80% de los activos corporativos, muy por encima del 50% de la media global.
Suscríbete para seguir leyendo











