Olivia tiene tres años y una piel tan frágil que el más mínimo roce puede provocarle una herida. Las rodillas, los codos, las manos o los pies pueden quedar en carne viva y obligan a proteger casi todo su cuerpo y a realizar curas dolorosas durante horas. La pequeña padece epidermólisis bullosa distrófica recesiva, una enfermedad genética rara conocida como piel de mariposa para la que todavía no existe una cura. A partir de septiembre, sin embargo, podrá recibir en Baleares una novedosa terapia génica destinada a cerrar algunas de esas heridas y evitar que vuelvan a aparecer durante meses. Más información
PREMIERE

Mallorca

Fútbol










