Álex Palou se proclamó campeón de la IndyCar por quinta vez el domingo en el óvalo de Milwaukee. Le bastó con terminar décimo en la última de las dos carreras que se disputaron ese día para cerrar el campeonato con una prueba aún por correr. Es su cuarto título consecutivo y el quinto en seis años, un registro que ningún piloto había firmado antes en la categoría.
Con cinco coronas, el piloto de Sant Antoni de Vilamajor es ya el tercer piloto más laureado de la historia de la IndyCar. Por delante solo quedan Scott Dixon, con seis, y A. J. Foyt, con siete. Además igualó la marca de cuatro campeonatos seguidos que ostentaba en solitario Sébastien Bourdais entre 2004 y 2007.
Un fin de semana partido en dos
El desenlace llegó en un formato improvisado. La lluvia obligó a detener con bandera roja la carrera del sábado en la vuelta 90 y a reordenar todo el programa. El domingo por la mañana la pista seguía mojada, así que la organización decidió disputar primero la carrera prevista para ese día, al mediodía, y reanudar por la tarde la que había quedado interrumpida.
En la primera, Palou salió desde la pole y lideró 115 de las 250 vueltas antes de perder ritmo y terminar quinto. En la reanudación, ya solo necesitaba mantener una ventaja de 54 puntos al ver la bandera a cuadros. Rodó sin arriesgar y acabó décimo. Suficiente.
El gran nombre del día fue Pato O’Ward, que ganó las dos carreras. El mexicano se convirtió en el primer piloto que gana dos pruebas de IndyCar en una misma jornada desde que Rick Mears lo hiciera en Atlanta en junio de 1981. Chevrolet copó las siete primeras posiciones de la carrera final, en una jornada en la que, paradójicamente, Honda cerró su duodécimo campeonato de constructores.
La temporada termina el próximo fin de semana en Laguna Seca, el circuito favorito de Palou.
Los números de un dominio
El balance de 2026 explica por qué el título estaba resuelto antes de tiempo: seis victorias y ocho poles en 17 carreras. El doble de triunfos y cuatro veces más poles que su rival más cercano. En las dos últimas temporadas acumula catorce victorias.
No es la única referencia. En 2025 firmó ocho triunfos y ganó las 500 Millas de Indianápolis, el primer español en lograrlo en los 109 años de historia de la prueba. Este año no repitió: la victoria fue para Felix Rosenqvist y Palou, que había salido desde la pole, terminó séptimo.
A esa acumulación se suma un cambio de contexto en su propio equipo. Scott Dixon, seis veces campeón y su compañero en Chip Ganassi Racing, abandona la estructura al final de esta temporada tras 24 campañas, con la vista puesta en Arrow McLaren. Palou se queda como piloto de referencia absoluta de Ganassi justo cuando persigue el registro del neozelandés.
Un campeón que no abre informativos
La desproporción entre el logro y su repercusión en España es difícil de ignorar. Un deportista español encadena cuatro títulos mundiales consecutivos en una categoría profesional del automovilismo y el asunto apenas ocupa espacio en las aperturas informativas.
La explicación más habitual es el peaje de acceso. La IndyCar se emite en España en exclusiva a través de Movistar Plus+, que la reserva a su paquete de Deportes. Ver una carrera exige una suscripción de pago y saber en qué dial cae ese fin de semana, porque la señal rota entre los distintos canales deportivos según lo que se solape en el calendario.
Pero ese argumento no aguanta solo. La Fórmula 1 en España también es de pago: los derechos pertenecen a DAZN, que los distribuye a través de su plataforma y del canal DAZN F1 en operadores como Movistar y Orange. No hay ninguna carrera en abierto salvo excepciones puntuales con el Gran Premio de España. Si el muro de pago fuese la causa, las dos competiciones serían igual de invisibles. No lo son.
Lo que sí las separa es el resto. El horario, para empezar: el título de Palou se decidió alrededor de la medianoche en España, y buena parte del calendario estadounidense cae en la franja nocturna de un domingo. La ausencia de una sede europea: la IndyCar no pisa el continente, mientras la F1 desembarca este septiembre en Madrid con un circuito urbano de nueva construcción. Y, sobre todo, la falta de un relato instalado. El motor español lleva dos décadas organizado alrededor de la Fórmula 1 y de Fernando Alonso. Lo que ocurre fuera de ese perímetro entra en la conversación como curiosidad, no como categoría.
Mientras tanto, en Estados Unidos
El contraste con el mercado donde compite es revelador. La IndyCar atraviesa su mejor momento televisivo en casi dos décadas desde que FOX asumió los derechos. La temporada 2025 promedió 1.362.000 espectadores, un 27% más que el año anterior. En 2026 la tendencia se ha acelerado: a falta de las últimas citas, la media ronda los 1,88 millones de espectadores por carrera, con las 500 Millas en 6,64 millones y una prueba urbana en Washington que registró la mayor audiencia de la categoría fuera de Indianápolis desde 2008.
Es decir: la competición crece con nitidez allí donde se corre, con un campeón español al frente, mientras aquí sigue funcionando como contenido de nicho.
La temporada se cierra este fin de semana en Laguna Seca, ya sin nada en juego para Palou. Lo que sí queda en juego es lo que viene después. Un título más lo igualaría con Dixon; dos, con Foyt. A los 29 años, con el mejor coche de la parrilla y un equipo que acaba de reordenarse a su alrededor, esa cuenta no parece descabellada.














