No es cuestión de rasgarse las vestiduras. Ni de mandarlo todo al garete y tirar nada por la borda. El Real Zaragoza perdió el primer partido de la temporada en Primera RFEF y empezó del peor modo posible su penitencia fuera del fútbol profesional, pero esto acaba de empezar. Sin embargo, más allá del margen de mejora y demás historias, el primer sofocón del curso viene a advertir del riesgo (veremos si excesivo) que conlleva la decidida apuesta por el fútbol asociativo, la salida jugada desde atrás y la concepción del fútbol exclusivamente hacia delante promulgada por Ibai Gómez.
Personalmente, uno mantiene ciertas dudas acerca de la capacidad de la actual plantilla para alcanzar la meta a través de esta vía del fútbol vistoso y atractivo. Porque no siempre jugar bonito es jugar bien, como quedó patente en Tarragona, donde el Zaragoza jugó muy bonito, pero mal. La explicación es bien sencilla y alcanza al dominio (o falta de él) de las áreas. La fragilidad tanto en la parcela propia como en la ajena ha arrojado al Zaragoza al lugar más tenebroso de su historia sin posibilidad de caer más bajo. Aquella desesperante falta de gol y esa insoportable facilidad para acumular errores defensivos garrafales fueron la causa principal de su salida del fútbol profesional y, al menos por lo visto en la jornada inaugural, parece no haber aprendido la lección.
Porque el Zaragoza jugó mal en Tarragona. No puede ser de otro modo cuando acumulas despropósitos en el remate y el último pase y el rival aprovecha dos de sus escasas ocasiones para lograr un triunfo que, merecido o no, firmó merced a un mayor y mejor dominio de las áreas y de facetas del juego tan relevantes como el balón parado o el acierto en las transiciones. El Zaragoza se pegó todo el partido combinando, llegando y tocando, pero fue incapaz de marcar un solo tanto y le hicieron dos. Quizá tuvo el control del balón, sí, pero no tanto del partido. Y, sin duda, suyos fueron los errores más groseros, como permitir un remate franco antes de los dos primeros minutos o derrochar blandura en la concesión de la contra que dio pie a la sentencia del Nástic.
Así que convendría revisar ese libro de estilo destinado a conducir al Zaragoza de nuevo al fútbol profesional y prestar más atención a capítulos que parecen haber quedado relegados a una lectura rápida sin más. Porque, en Primera RFEF, como en Primera, Segunda o Laboral, el dominio de las áreas y la contundencia son fundamentales de cara a la consecución de cualquier objetivo, ya sea seguir respirando o sonreír. No, el Zaragoza no perdió en Tarragona por mala suerte ni demás zarandajas. Cayó porque jugó al fútbol peor que su oponente por mucho que lo hiciera siempre mucho más bonito. Y de eso hay que aprender. Mejorará seguro la cosa con la pareja titular de centrales, pero esa previsible evolución en la seguridad defensiva también deberá ir acompañada de una mejor toma de decisiones en el área rival, donde, como venía advirtiendo durante toda la pretemporada, el Zaragoza todavía está verde.
Ya le han dado la primera en la frente a Ibai. La reacción del técnico y la de sus jugadores será la que marcará el devenir inmediato de un equipo que, por enésima vez, volvió a decepcionar a su gente, harta de derrotas. Porque no hay nada más insoportable que perder. Y ganar no solo pasa por jugar bonito, sino, sobre todo, por jugar bien.
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