Tras una semana de ruido, chismorreos y supuestas filtraciones -sobre las que las autoridades italianas no han dicho públicamente una sola palabra, ni para desmentir ni para confirmar, como verificó este diario-, el ministro del Interior, Matteo Piantedosi, ha puesto fecha al desenlace. Será este lunes, 31 de agosto, cuando Roma decida si liquida o estira los controles aleatorios en la frontera con España, una vuelta de tuerca justificada a finales de julio por la presión migratoria en Ceuta.
Piantedosi ha comunicado la decisión durante una entrevista en el informativo del canal público TG1, donde volvió a enviar mensajes ambiguos sobre los pasos a seguir del Ejecutivo de Giorgia Meloni. «La situación en Ceuta no solo no ha mejorado, sino que está muy lejos de mejorar. Todavía hay allí entre 5.000 y 10.000 personas. Haremos una evaluación serena y la decisión definitiva la ponderaremos el mismo día del cierre, que será el 31 de agosto», ha dicho el ministro, cuya cartera es responsable directa en estos casos.
Malabarismos
Aun así, el titular de Interior ha intentado a la vez rebajar la tensión con Madrid, que en réplica ha decidido pagar con la misma moneda y aplicar controles hasta el 7 de septiembre. «Nunca ha habido voluntad de enfrentamiento con el Gobierno español; adoptamos una medida que se ha aplicado cientos de veces. Se trata simplemente de restablecer controles fronterizos, sin ningún tipo de perjuicio para los ciudadanos españoles». La suspensión parcial de Schengen, ha insistido, se adoptó «sobre la base de lo que todos han visto: 80.000 personas entrando sin saber quiénes eran».
Las palabras del ministro han confirmado así la versión que su propio departamento ha venido sosteniendo a puerta cerrada toda esta pasada semana. Primero el martes y de nuevo el viernes, un portavoz de Interior desmintió reiteradamente a EL PERIÓDICO que se hubiera tomado decisión alguna. «Son solo hipótesis periodísticas. No he recibido información sobre un adelanto o una prórroga de la medida», afirmaron estas fuentes.
Extrema y más extrema
En pleno auge de la extrema derecha en los sondeos transalpinos, la incógnita es cuánto pesarán las actuales dinámicas de la política interna italiana cuando faltan meses a las próximas elecciones generales italianas. Más aún que el hoy ministro de perfil técnico hizo carrera como mano derecha de Matteo Salvini cuando el líder de la Liga ocupaba Interior imponiendo la doctrina de puertos cerrados.
Hoy es Salvini —pero en parte también Meloni— quien sufre el aliento en la nuca de una extrema derecha aún más desacomplejada: la del general Roberto Vannacci, líder de Futuro Nazionale, un emergente fenómeno ultra que en los últimos sondeos ya roza el 8% de intención de voto. Mostrar músculo fronterizo ante el socio europeo podría seguir siendo la receta más rápida para marcar terreno ideológico.
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