A sus 91 años, Lola Herrera continúa siendo un ejemplo de vitalidad y de una forma de entender la vida alejada de las fórmulas milagrosas. La actriz vallisoletana, una de las grandes figuras de la escena española, mantiene unas rutinas muy sencillas y una alimentación basada en productos cotidianos. Y entre sus pequeños placeres hay uno que no oculta: el vino tinto.
Herrera ha contado en distintas ocasiones cómo organiza sus comidas y qué alimentos forman parte de su día a día. Su jornada comienza con un desayuno muy definido: un kiwi, café con leche y una tostada de pan integral con cereales, acompañada en ocasiones con queso batido y mermelada.
«Desayuno un kiwi, un café con leche y una tostada de pan integral con cereales», explicaba la intérprete al hablar de sus hábitos. En otras ocasiones cambia algunos ingredientes por aceite de oliva, aunque reconoce que no le apetece demasiado el tomate nada más despertar, aunque el pan con tomate sea uno de sus platos favoritos para otros momentos del día.
A media mañana tampoco busca complicarse. Si se acuerda, toma una pieza de fruta o un yogur, adaptándose a lo que ofrece cada temporada. En verano aprovecha la variedad de frutas disponible, mientras que durante los meses de invierno se suele decantar por el yogur.
En las comidas, las verduras tienen un espacio fundamental. Entre sus favoritas están las judías verdes y las acelgas con zanahoria, que prepara rehogadas con un poco de aceite. Eso sí, odia el brócoli o la coliflor, gustos que comparte con muchos de nosotros.
Lola Herrera en el Deluxe. / Archivo
En cuanto al pescado, procura que esté muy presente en su alimentación, consumiendo más pescado y pollo que otro tipo de carne. Sin embargo, si sale a cenar con amigos o compañeros de profesión, se permite otros lujos:
«Cuando vamos a cenar con los compañeros, me gusta el vino tinto, coma pescado, carne o lo que sea«, y es que el vino blanco no le sienta especialmente bien tal y cómo ha comentado en alguna ocasión: «me atonta«.
Lo llamativo de la rutina es que Lola Herrera apuesta por una alimentación muy accesible por cualquiera de nosotros, compaginada con una comida muy traquila y unos hábitos contantes: leer, ir al teatro como espectadora y por supuesto, pasar tiempo en familia.











