Los han visto los vecinos y miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado en los primeros días de la avalancha migratoria sobre Ceuta: teléfonos móviles arrojados en playas, cunetas y descampados de Ceuta durante la riada de extranjeros que sufre la ciudad. No son decenas, sino miles de móviles desechados, según fuentes de la Guardia Civil, mientras en la ciudad numerosos migrantes han disparado las compras -muchas abiertas, pero sobre todo clandestinas- de nuevos móviles y, en menor medida, de tarjetas de operadores españoles con sistema de recarga.
Fuentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado consultadas por este diario explican este comportamiento por un intento de borrar la identidad digital para evitar investigaciones policiales relacionadas con la avalancha, su organización y quién es quién entre la multitud, así como datos que pudieran llevar a la deportación del migrante.
En cuentas ya desaparecidas de Facebook que impartieron instrucciones para pasar a Ceuta en los días previos al 30 de julio, no solo se aleccionaba sobre material náutico y cómo hacer en el espigón del Tarajal. Algunas, indican estas fuentes, aconsejaban deshacerse del móvil al entrar, o pasar a la ciudad con un teléfono distinto al de uso habitual en Marruecos y, una vez en la ciudad, siempre cambiar de tarjeta.
Borrar la navegación
Entre los terminales que circulan por los rincones de la ciudad abundan los teléfonos básicos, los llamados “tontos”, sin acceso a internet, válidos solo para llamadas telefónicas. Una vez en la ciudad, los migrantes que recurren a este truco llaman a la familia, confirman que están bien, les quitan la tarjeta y se hacen con otro terminal.
Migrantes en un espigón de Ceuta el 21 de agosto. / Marcos Moreno – Europa Press
En las fuerzas de seguridad ven una intención ocultadora tras esta práctica. “Muchos tiran el teléfono si ven acercarse a la Policía o el Ejército, porque se asustan”, relata un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado con trabajo en la calle. En parte, deshacerse del móvil es una costumbre adquirida en las algaradas de la generación Zeta marroquí en el otoño de 2025, para evitar la represión que en el país vecino se articula con, entre otros indicios, requisando el móvil del detenido en una protesta o movilización callejera.
En general, a los que se desprenden del móvil “no les interesa que se conozca el origen, la familia, los amigos, en qué redes sociales están, los nombres de los grupos de whatsapp y Telegram en que organizan sus movimientos y los líderes de esos grupos”, explica una de las fuentes policiales consultadas por este diario.
Pero hay otras motivaciones que suben de grado de inquietud para la seguridad pública. La más grave, el intento de algunos -”una minoría”, explican-de que no se les relacione con prácticas ilícitas o con una frecuente navegación en internet por sites integristas islámicas, contenidos revolucionarios o contra el régimen de Mohamed VI.
No constan diligencias previas en ningún juzgado que permitan monitorear legalmente las nuevas tarjetas telefónicas que operan en la ciudad, ni las que han entrado con número de teléfono marroquí desde el 30 de julio.
Saltadores de dinero
Ha transcurrido casi un mes de crisis migratoria, y los extranjeros que se resisten a irse de Ceuta, de los que no hay cifra oficial, acrecientan sus necesidades de todo tipo. Esa es la base para otro de los fenómenos clandestinos observados por las fuerzas de seguridad españolas.
Fuentes de la Guardia Civil confirman a EL PERIÓDICO el tráfago del paso de dinero en metálico entre las dos partes de la frontera. El paso del Tarajal no está cerrado pese a la crisis, y ciudadanos marroquís entran y salen a diario en Ceuta. Algunos -mayoritariamente algunas- meten envíos de dinero europeo para entregar a los migrantes.
No valen los dirhams, pues poca gente los cambia en Ceuta por euros en las actuales circunstancias… si no es de forma clandestina y dándole un sablazo al peticionario.
Son pequeñas cantidades, entregas de 50, 100 euros. Una parte del tráfico es de origen familiar: parientes que ayudan a otros parientes para que el inmigrante pueda comer, vestir o pagarse teléfono, sus primeras necesidades en la ciudad. Otra parte es un negocio basado en la confianza. Contactos dentro de Marruecos hacen transferencias al emisario, generalmente afincado en Castillejos o dentro de la misma Ceuta. Ese emisario puede quedarse un pequeño porcentaje, sacar dinero en billetes en un cajero de Ceuta y dárselo al migrante destinatario.
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