La inédita crisis abierta a comienzos de agosto por la decisión del Gobierno de Giorgia Meloni de reintroducir controles aleatorios a los pasajeros procedentes de España, poniendo así en entredicho el espacio Schengen —una medida que Roma justificó entonces por la situación migratoria en Ceuta, pero cuyas verdaderas motivaciones políticas siguen sin estar del todo claras—, se está convirtiendo en un creciente dolor de cabeza para la primera ministra italiana. El último desenlace: la incorporación de Irlanda al grupo de países europeos que han confirmado que están ejecutando —o planifican hacerlo— traslados de solicitantes de asilo hacia Italia, invocando la regla europea en vigor que establece que el país de primera entrada en la UE sea responsable de examinar la solicitud.
Dublín se ha sumado así a Suiza, Austria, Finlandia, Suecia, Países Bajos y Alemania, el primer país que anunció su intención de seguir este camino. «Irlanda, junto con los demás Estados miembros, apoya el principio de que el primer país de la UE en el que entra un solicitante de asilo […] es responsable de su solicitud», ha explicado este fin de semana un portavoz gubernamental a la agencia de noticias italiana ANSA. «Irlanda continúa cumpliendo y tramitando todas las notificaciones, solicitudes y traslados hacia todos los Estados miembros, incluida Italia», ha añadido, al precisar que dicha postura se basa en el reciente Reglamento sobre la gestión del asilo y la migración.
Con ello, y aunque ninguno de los gobiernos implicados ha vinculado abiertamente su decisión con la crisis diplomática italo-española, resulta llamativa la coincidencia temporal de los acontecimientos. Tanto que la sucesión de anuncios por parte de los distintos países europeos, apenas después de la medida adoptada por Roma sobre España, ha alimentado las críticas de la oposición italiana.
Elly Schlein, jefa del Partido Democrático, lo ha resumido con una metáfora muy gráfica. «El bumerán de la ocurrencia propagandística de Giorgia Meloni de suspender Schengen contra España es escandaloso», ha dicho. «Cuando dije que con Ceuta Meloni había creado un precedente peligroso para Europa, pero sobre todo para Italia, me refería exactamente a esto», ha continuado, con un argumento rechazado completamente por Meloni.
Distintas fases
Con todo, de momento, las conversaciones bilaterales con Roma han adquirido matices diversos según el interlocutor. Mientras que Austria y Suecia han asegurado haber materializado ya las primeras devoluciones, Alemania y Suiza han afirmado que tienen expedientes en fase avanzada de tramitación, Finlandia ha dicho que los operativos están en preparación y Países Bajos ha informado que ha abierto una mesa de negociación para llevar adelante los procedimientos.
Algo similar ha pasado con la retórica. Nicolas Cerclé, portavoz de la Secretaría de Estado de Migración helvética (SEM), ha ratificado que Berna mantiene un «estrecho contacto» con las autoridades italianas para canalizar los traslados de forma individualizada a lo largo de las próximas semanas. Por su parte, Satu Sisatto, desde el Ministerio del Interior finlandés, ha argumentado que el nuevo marco regulatorio europeo legitima la reactivación de los envíos hacia el sur de Europa. Victoria Holmqvist, portavoz del ministro sueco de Migración, Johan Forssell, ha recalcado a ANSA que Estocolmo ya ha efectuado transferencias y que su intención es consolidarlas al amparo del nuevo Pacto sobre Migración y Asilo. Desde La Haya, Julia Huisman-de Vries ha hablado de contactos bilaterales para dotar de eficacia operativa a los retornos.
Berlín, la primera
Lo cierto es que Berlín fue la primera ficha en caerle a Meloni a comienzos de agosto, inaugurando el melón político justo después de que la italiana decretara la reintrodución de los controles en puertos y aeropuertos con conexiones entre Italia y España. Impulsada por la línea de mano dura del canciller democristiano Friedrich Merz, Alemania exigió entonces la aplicación estricta de las reglas sobre los solicitantes de asilo, defendiendo así las normas del reciente pacto europeo.
La incógnita es qué relevancia tendrán en la práctica todos estos anuncios, si se trata de mera propaganda o habrá medidas reales y significativas. De momento, en la trastienda operativa de los aeropuertos italianos, la realidad cotidiana discurre entre costuras deshilachadas. Como ha podido comprobar esta periodista, los controles a los viajeros procedentes de España se desarrollan de forma muy irregular, a menudo bajo mínimos y con plantillas de agentes desbordadas —en ocasiones, apenas dos policías para controlar aluviones de pasajeros—, evidenciando que a menudo ciertas posturas chocan estrepitosamente también con la logística.
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