Si un cliente acudía al arquitecto Gonzalo Infante con la idea de una casa o cualquier otro proyecto, podía terminar sentado con él en la mesa de un restaurante. Nada de grandes presentaciones, ni imágenes 3D o maquetas. Infante cogía una servilleta, trazaba tres líneas y empezaba a explicar allí mismo cómo debía ser el edificio.
«Tenía esa empatía de conocer cómo se sentiría esa persona. El corazón del proyecto empezaba en el corazón del cliente», recuerda su hija Amalia. El arquitecto, navegante, triatleta, músico, padre de seis hijos y alicantino de adopción falleció la mañana de este domingo a los 80 años después de atravesar una larga enfermedad.
Deja tras de sí un legado arquitectónico que en Alicante tiene sus grandes obras en el muelle de la Volvo y el Panoramis, pero que se extiende a muchos otros edificios de hoteles y viviendas en la provincia. Diseñaba casas cómodas, luminosas, proyectadas para quien debía habitarlas. «Pensando en la luz, el sol, cómo esa persona desayunaría, cómo estaría con los hijos», explica Amalia. Él lo resumía con una frase que repetía a menudo: «Yo hago casas para vivir, no para revistas».
Su hijo Gonzalo, que recuerda una vida familiar «muy ligada al mar, al deporte y a la aventura», ha seguido sus pasos con el amor a la náutica, que también comparten sus hermanos Amalia y Coke. La arquitectura la heredó su hermana Dominica. La mayor obra de un hombre, incluso las de uno tan polifacético, no deja de ser la familia, vistas las cosas en perspectiva.
Gonzalo Infante, en imagen reciente facilitada por su familia. / Cedida
Gonzalo Infante nació en Girona el 26 de noviembre de 1945. Su familia, también numerosa, acabó trasladándose a Alicante a principios de los setenta. No tardó demasiado en hacerse un hueco en una ciudad a la que terminaría perteneciendo tanto como cualquiera nacido junto al Postiguet. «Enseguida se hizo conocido en Alicante por todas las aficiones, todo el deporte, toda la música», recuerda su hijo Gonzalo.
Infante estuvo entre los pioneros del windsurf en Alicante y de aquellas primeras tablas pasó después a barcos de mayor eslora. Con el Swany, embarcación que quedó ligada durante años a su nombre y al de su familia, compitió por todo el Mediterráneo. Sus hijos crecieron alrededor de pantalanes, regatas y travesías.
«Desde los 12 años iba pegado a mi padre intentando seguirle», cuenta Gonzalo hijo. El currículum deportivo de Infante parece el de varias vidas consecutivas. Disputó dos travesías transatlánticas y ganó ambas, navegó por las aguas del cabo de Hornos y cruzó en bicicleta la Patagonia argentina y chilena.
A los 71 años fue campeón de Europa de triatlón. Con 72 compitió en el Campeonato del Mundo de Ironman en Sudáfrica. «Tenía una energía incansable», recuerda Gonzalo. Amalia lo expresa con menos solemnidad: «Era un Iron Man de Marvel».

Gonzalo Infante, en una travesía en bicicleta a la edad de 72 años. / INFORMACIÓN
Aquella capacidad acabó convirtiéndose también en la medida con la que crecieron sus hijos. «Él nos ponía el estándar. Lo importante no era participar, lo importante era llegar al tope», dice Amalia. Gonzalo recuerda a un hombre «físicamente como un toro», habilidoso hasta dejar estupefactos a los que quienes intentaban seguirle: «Era el típico que cogía una cosa por primera vez y ya la dominaba. Nos dejaba a todos con cara de tontos».
Arquitecto de la Volvo
Aquella mezcla entre arquitectura y navegación terminó confluyendo en uno de sus proyectos más significativos en Alicante. Cuando la ciudad comenzó a preparar la llegada de la Volvo Ocean Race, la organización necesitaba un arquitecto que entendiera cómo se movían y qué necesitaban quienes vivían alrededor de los barcos.
Su trabajo abarcó el desarrollo de espacios del puerto, el muelle y las oficinas vinculadas a la competición, y contó con la colaboración de su hija Dominica. Su hija Amalia recuerda cómo buscó convertir la antigua estación de ferris en un espacio abierto, en el que la comunicación resultara fácil y natural, pues «la comunicación y la unión siempre fueron su punto de partida para construir cosas llamadas hogar u oficina».
Una guitarra en mitad de la regata
Y cuando acababa la arquitectura, el deporte o el mar, todavía quedaba la música. Infante tocaba de oído. Le gustaban especialmente el rock y la música francesa de los años sesenta, llegó a formar una banda junto a otros arquitectos y acostumbraba a viajar con una guitarra que aparecía en comidas, reuniones familiares y, por supuesto, regatas.
Gonzalo hijo conserva una escena de la primera Copa del Rey que disputaron juntos. La flota quedó atrapada durante horas en una encalmada. Mientras los barcos esperaban a que regresara el viento, su padre sacó la guitarra: «Animaba no solo a su tripulación, sino a toda la flota».
La última etapa
«La familia que navega unida nunca será vencida», repetía Infante. La enfermedad fue larga y dio tiempo a él y los suyos para hablar, acompañarse y ordenar muchas cosas. También para mostrar una faceta más de este hijo adoptivo de Alicante.
En los últimos años se acercó especialmente a Cáritas y dedicó una parte creciente de su tiempo a ayudar a otras personas. Sus hijos recuerdan cómo salía por las noches a repartir comida por la ciudad y cómo aquella experiencia acabó involucrando también a la familia.
El velatorio se celebra desde la tarde del domingo, a las 18 horas, en el tanatorio de Sant Joan y el funeral tendrá lugar este lunes a las 18 horas en la iglesia San Juan Bautista de Sant Joan. «Se le quiere mucho aquí en Alicante», dice su hijo Gonzalo. Amalia le corrige: «Y en todo el mundo».
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