La Policía de Ceuta recibe 200 denuncias de delitos al día, diez veces más que antes del asalto «Estoy harta de tener miedo»

Eran las 9 de la mañana de este sábado, 22 de agosto, en la zona entre el Morro y Miramar Bajo, en Ceuta. En la calle una joven caminaba para ir a su trabajo.

Las calles estaban totalmente vacías, pero ella no sabía que a su espalda había un hombre siguiéndola.

Dame tu bolso —le dijo el asaltante.

—No te voy a dar nada. No tengo por qué entregarte mi bolso —respondió la joven, de 20 años.

En ese momento, el agresor sacó un cuchillo.

—Me lo das o te mato ahora mismo —sentenció.

La chica, sin otra alternativa, tuvo que entregarle el bolso. Allí llevaba dinero, documentación y su pasaporte. Incluso, mencionó que intentó convencer al asaltante hablándole en árabe, pero no lo logró.

Tras el suceso, la víctima empezó a gritar en la calle para que la ayudaran y un vecino acudió. Siguió al presunto autor, pero no pudo localizarlo.

«Tengo pánico para salir desde el atraco. Es un trauma. Nunca se me va a olvidar», dice la joven al diario El Faro.

Ese es solo uno de los muchos casos vinculados a los migrantes que se produjeron en Ceuta durante el 22 de agosto.

Según Javier Otero, portavoz del Sindicato de la Policía Nacional (Jupol), desde la invasión de más de 80.000 inmigrantes se están registrando más de 200 llamadas cada día para avisar sobre situaciones de seguridad.

«Lo habitual es que en un día llamen 20 o 30 veces, si es fin de semana aumenta, pero lo que estamos viviendo te desborda», asegura Otero.

Atracos

Los habitantes de Ceuta no se sienten seguros. Las calles ya no las ven como antes. Incluso, esto se ve reflejado en la afluencia a restaurantes.

Muestra de ello fue otro atraco en la zona de El Edén, en la madrugada de este domingo. Tres jóvenes iban camino al garaje subterráneo de ese mismo lugar cuando fueron abordados por un inmigrante.

El asaltante intentó arrancarle el bolso a una de ellas, pero la víctima opuso resistencia y forcejeó con el individuo, lo que ocasionó que la joven cayera al suelo.

«Por suerte no ha conseguido llevárselo y hemos podido reaccionar, pero el susto, la impotencia y la sensación que se te queda después no se pueden explicar. Mi amiga tiene el brazo hecho polvo», asegura una de las víctimas.

Sin embargo, otro inconveniente llegó cuando intentaron poner la denuncia sobre este caso.

«La Policía me dice que no me va a coger la denuncia porque están muy saturados. Estamos cansadas de tener que sentirnos así en nuestra propia ciudad. ¿Tenemos que sentir miedo simplemente por ir hasta nuestro coche?», comenta.

Al respecto, la Jupol ha alertado en diversas ocasiones que se encuentran saturados por el incremento de hechos delictivos y que debería haber más refuerzos en Ceuta.

Pero también tienen claro que están afrontando problemas, ya que gran parte de los agentes están trabajando en turnos que se prolongan hasta las 16 horas, durmiendo en barracones del Ejército y sin tener un apoyo real por parte del Ministerio del Interior.

Uno más

Sobre las 4:30 de la madrugada de este 23 de agosto, un agente de la Guardia Civil fue agredido por un grupo de marroquíes en la avenida Cañonero Dato.

El agente detalla que lo abordó un grupo de al menos cinco personas en las inmediaciones de la gasolinera Carranza. Debido a que se negó a entregarles dinero, los asaltantes le propinaron varios puñetazos en la cara y patadas para fugarse hacia la zona del puerto.

Sin embargo, una patrulla del sector dio con los responsables, quienes estaban escondidos en unas escaleras que conectan la rotonda de la Avenida de España con la barriada Junta de Obras del Puerto.

«Una entrada de esta magnitud sin un control suficiente termina generando graves problemas de seguridad«, dice el Sindicato Unificado de la Policía (SUP).

Además, confirma que tres ciudadanos marroquíes han sido detenidos. «No hablamos de percepción de inseguridad, hablamos de hechos», agrega el sindicato.

Esta organización también asegura que Ceuta no puede normalizar robos, reyertas, agresiones sexuales y los ataques a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Hostelería

Debido a la inseguridad, los habitantes de Ceuta están saliendo menos en las noches, asegura Gema Molina, dueña del restaurante El Capote.

«Las familias ya casi no están saliendo. Mi restaurante tiene 15 años y ni siquiera en pandemia tuvimos esta afectación», asegura.

A ello se suma que cuando acuden clientes en la noche y se sientan en la terraza, estos son abordados, increpados e intimidados por inmigrantes.

«Se acercan a pedir dinero y cuando no se les da, hay algunos que se ponen agresivos», añade.

Ella comparte un grupo de hosteleros con otros dueños de restaurantes, quienes le han transmitido que en sus locales también está sucediendo lo mismo.

Incluso, Molina asegura que hay mayores afectaciones en los que están de cara al paseo marítimo.

«Allí hay muchos que van a acostarse, hacen sus necesidades en la calle y tiran bolsas con excrementos en la acera. Las personas al ver eso, obviamente, prefieren no ir a ese restaurante para evitar inconvenientes», explica.

Debido a la situación, muchos hosteleros se están viendo obligados a cerrar con varias horas de antelación.

«Los ceutíes estamos abandonados. Quieren vendernos la idea de que esto no es una invasión, pero es que es así. Aquí vivimos con miedo. Todos conocemos a alguien que ha sido víctima de acoso o algún delito por parte de ellos», expresa Molina.

Al igual que sus colegas, y que incluso el sindicato de Jupol, les preocupa entender que esto no tiene fecha de fin.

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